Ultramar

Mucho Bolsonaro

03/11/2018

No es un fantasma que recorre Europa, el avance de la ultraderecha, con sus postulados más regresivos, es una realidad implacable por todo el planeta. La última conquista es Brasil. Su nuevo presidente, Jair Bolsonaro, ha alcanzado el poder con suficiencia haciendo apología de la dictadura, la tortura, la pena de muerte, la homofobia, el racismo. «Si veo a dos maricones besándose en la calle, los aporreo». «Eres muy fea para ser violada». Así piensa, pero su «Brasil es lo primero» y «Brasil por encima de todo» se impone y se le aúpa. ¡Qué sorpresa que el Gobierno de Canarias se haya valido del mismo lema para publicitar el nuevo Estatuto de Autonomía!

«Las fuerzas democráticas hicieron oídos sordos al sonar de los tambores de la regresión y siguen sin aprender»

Trump también obtuvo la victoria con su EE UU por encima de todos, sin que se le tuviese en cuenta lo de «si eres famoso, puedes coger a las mujeres por el coño». Y en Filipinas, su presidente, Rodrigo Duterte, se jacta de promover cuadrillas paramilitares para ajusticiar a cuanto sospechoso de delincuencia se les tercie y proclama: «Estos hijos de puta están destruyendo a nuestros hijos. Si conoces a algún adicto, ve a por él, mátalo tú mismo porque conseguir que sus padres lo hagan será muy doloroso».

Pero también en Polonia, Hungría e Italia rigen unos gobiernos que abanderan políticas filofascistas. Y la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Suecia, Finlandia y Dinamarca cuentan con unos partidos de extrema derecha muy poderoso, igual que Alemania. El anuncio de la retirada de la política de la canciller Merkel, asaeteada por su tibieza contra la inmigración, es la demostración de las curvas en las que ya estamos. Los talantes autoritarios se imponen con el aval de la ciudadanía. Y siendo los señalados los más llamativos, no son los únicos. Hay mucho Bolsonaro suelto y, lo que es peor, las fuerzas democráticas no solo hicieron oídos sordos al sonar de los tambores que anunciaban la irrupción de la ola regresiva sino que siguen sin aprender. La inacción ha traído estos lodos y no vale con lamentarse, si hasta se asumen pautas de la ultraderecha, edulcorándolas con eufemismos.

Ejemplos hay a espuertas. El propio expresidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, no ha tenido reparo en afirmar que «Macron canta el himno europeo, pero luego cierra fronteras». El mismo Macron que ordena devolver inmigrantes a países vecinos como Italia o España; país éste, por cierto, en el que siguen vigentes las devoluciones en caliente, pese a que su ahora presidente, Pedro Sánchez, dijera, cuando no lo era, que iba a finiquitarlas; y donde el nuevo máximo responsable del PP, Pablo Casado, desparrama falacias del tipo de: «La hispanidad es la etapa más brillante del hombre junto con el imperio romano», «España es la nación más antigua de Europa» o «sin el PP España no sería lo que ha sido en los últimos cinco siglos».

Resumiendo, las fuerzas democráticas han de salir del estupor y la inacción ante el avance de la ultraderecha y ello pasa por defender un estado social y solidario.