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Manda rosas a Sandra

Manda rosas a Sandra

Jueves, 1 de enero 1970

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Rosas a Sandra es un muy popular tema de comienzos de los años setenta, que hemos escuchado en español entre otros por el cantante belga Jimmy Frey o por el argentino Héctor Jorge Ruiz (más conocido como Sabú), pero que ha sido interpretado por otros muchos artistas. Aunque el arranque y estribillo de la canción («Manda rosas a Sandra / que se va de la ciudad / manda rosas a Sandra/ y tal vez se quedará»), hace que se le recuerde como Manda rosas a Sandra.

Esto les sucede a otras muchas canciones. La que muchos denominan El tiempo pasa, por ejemplo, de Pablo Milanés, se llama en realidad Años. Milanés tiene, por cierto, en su amplia producción discográfica, una canción dedicada a Sandra. «Sandra te quiero cantar. / Sandra pero no es igual, / Sandra que cuando cantaba / y sólo pensaba en la eternidad». Así se inicia Sandra, a secas. El cantautor cubano la escribió a principios de los años noventa del pasado siglo, en homenaje a su compañera de entonces, Sandra Pérez Lozano. La pude conocer en una visita a la casa de Pablo en La Habana, en el verano de 1992. Sandra nos dejó rápidamente porque estaba preparando un examen, según nos dijo. Apenas pudimos hablar con ella.

Sandra, que asegura querer impulsar la conciencia ecológica a través de la creación, ahora regenta un hotel, Casa Sandra, en Holbox (México). En una entrevista que le realiza Bibiana Belsasso en el diario mexicano La Razón pone a la isla de Lanzarote como referente de un turismo respetuoso con la Naturaleza: «Hay una isla que se llama Lanzarote, que se me ocurre que podría ser un ejemplo para nosotros, donde hay una serie de medidas, donde no puedes hacer lo que quieres, sino donde se conserva que los edificios no se coman la cuestión de la naturaleza, lo que ha creado Dios».

El ambiente que se disfrutaba en aquella época en la casa del cantante en la capital cubana lo describe muy bien Gabriel García Márquez en la introducción al doble álbum Pablo Querido, un disco del año 2001 en el que colaboran Fito Páez, Milton Nascimento, Joaquín Sabina, Eugenia León, Alberto Cortez, Soledad Bravo, Armando Manzanero, Maná o Caetano Veloso. «En la casa de Pablito era imposible caminar entre baterías atravesadas en las salas y saxofones sentados en las sillas», asegura Gabo, añadiendo que se terminaba por comprender que allí no había «más espacio que para la música».

La romántica canción, por cierto, se anticipa a lo efímera que puede resultar cualquier relación amorosa cuando afirma lo siguiente: «Sandra prefiero pensar / que nuestro amor es mortal / Sandra que existe el cansancio / y que nuestro espacio lo pueden violar». Eso de «hasta que la muerte los separe» es una frase antinatura y antidivorcio, que poco o nada tiene que ver con la realidad; sería más justa y precisa si dijera «hasta que la muerte del amor los separe».

para vivir. Sandra, en mi opinión, no llega ni de lejos a la altura de Yolanda (dedicada a Yolanda Benet) y no me parece de las mejores canciones de Milanés, que tiene algunas de enorme calidad, entre otras, Para vivir, El breve espacio en que no estás, Canción (De qué callada manera), Yo pisaré las calles nuevamente, Años (El tiempo pasa), Mírame bien o La vida no vale nada. Luis Eduardo Aute, en su Entre amigos, grabado en 1987, presenta a Pablo señalando que entre las mejores canciones de amor incluiría a No me quitte pas, de Jacques Brel, Yesterday, de Paul McCartney y Para vivir, de Pablo Milanés.

Curiosamente, el taxista que nos trasladó hasta la vivienda del cantautor cubano - en aquella etapa de duro período especial, tras la caída de la Unión Soviética, en la que era imposible encontrar nada en ninguna tienda o mercado-, era también Milanés de apellido; pero, nos aseguró, no tenía relación familiar alguna ni conocía personalmente al que es, junto a Silvio Rodríguez, uno de los principales integrantes de la Nueva Trova.

Evoqué estos días esos dos viajes, uno a la memoria juvenil y otro al Caribe, de hace más de veintiséis años por otra Sandra que no tiene nada que ver con las de las canciones. Me refiero a la marca que en su día tuvo la leche insular en Gran Canaria y cuya empresa, Sialsa, que recogía y comercializaba leche de las ganaderías de la isla redonda, fue privatizada cuando Soria presidía el Cabildo y, posteriormente, clausurada. Lo del «Cabildo no está para hacer yogures» ha quedado en la memoria de los ciudadanos y ciudadanas de Gran Canaria.

Fui durante muchos años un consumidor habitual de sus productos, que ofrecían la ventaja de ser de proximidad, frescos, de bastante calidad, contribuyendo al mantenimiento del sector primario local y reduciendo los elevados niveles de dependencia alimentaria del exterior que tenemos en el Archipiélago. Nuestro sector primario representa hoy menos del 2% del PIB y considero que tiene posibilidades de disponer de más peso en el conjunto de la economía y del empleo. Ofrece productos de gran calidad, los del país, muy demandados; y contribuye, asimismo, a mantener el paisaje y numerosos elementos de identidad.

aventura. Ahora, una empresaria ganadera del sureste, rescata del olvido la marca Sandra y vuelve a comercializar productos lácteos con la que fuera referente del sector no hace tanto tiempo. Le deseo suerte en la aventura empresarial, aunque sé que el mercado es muy competitivo y que resulta difícil repetir la fortaleza de la que estuvo con la ventaja de estar protegida por la administración pública insular.

Y, en fin, puestos a evocar, lo hago con aquella leche que venía en botellas de cristal. Hoy lo hace en tetrabrik o plástico y, al menos esta última, creo que hay que tratar de erradicarla por sus desastrosas consecuencias medioambientales. O impulsar medidas que tiendan a su devolución y reciclaje. Casi el 80% de la basura que se arroja al mar es plástico. Sus efectos nocivos en la fauna marina no paran de acrecentarse. Y los humanos, responsables directos del desaguisado, tampoco estamos al margen: el plástico llega hasta nosotros en los pescados que consumimos. Hagamos caso a la canción. Mandémosle rosas a Sandra, a Pedro, a Gara, a Juan, a María o a Himar. Sin envoltura de plástico, por favor.

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