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Alves durante una sesión del juicio en el que finalmente se le ha condenado. EFE/ Alberto Estévez
Se compra atenuante
...y los gatos tocan el piano

Se compra atenuante

Sábado, 24 de febrero 2024, 23:13

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La condena al exjugador Dani Alves por violación no puede más que congratularnos por muchas razones. La primera y más evidente es que se ha escuchado a la víctima y en la sentencia hay unos párrafos para enmarcara propósito de lo que significa el consentimiento. Efectivamente, se puede decir que sí y después que no. O se puede decir que sí a unas cosas y no a otras. O se puede decir que sí hasta que se dice que no. En resumen, en una relación entre personas adultas cada cual tiene la libertad de decidir lo que quiere en cada momento. Pese a quien pese, y hay muchos por lo que se ve en las redes sociales, el consentimiento no estaba en el centro y que lo esté hoy es fruto de la lucha feminista.

También es para congratularse que el personal de la discoteca dispusiera de un protocolo contra la violencia sexual, que fueran personas sensibilizadas las que ayudaran a la víctima y la acompañaran hasta donde hiciera falta.

Y es para alegrarse de que, independientemente de quien seas y qué posición ocupes en la sociedad, si violas a una mujer (niña, joven o adulta) terminas en la cárcel.

En el otro lado queda la condena. En la horquilla de entre 4 años y seis meses y 8 años el tribunal opta por la menor y una de las causas que alega es que ha «reparado el daño» al poner 150.000 euros sobre la mesa para la víctima.

Y no es que me sorprenda solo a mi, ciudadana sin más idea de los vericuetos legales que tener el principio de la justicia como norte, sino especialmente a mujeres juristas. Carla Vallejo es una de ellas. La magistrada expuso en la red social, esa que dice llamarse X pero a la que llegas escribiendo Twitter, que había que alegrarse porque se ha puesto el consentimiento en el centro y eso era fruto de un cambio social y legal, pero pedía reflexionar sobre la condena y la aplicación de la atenuante de reparación del daño.

Para Alves, 150.000 euros es lo que gasta en la celebración del cumpleaños de su mascota. Es decir, una pérdida patrimonial insignificante. Lo cual viene a decirnos que, en realidad, quien tenga cierto estatus puede «comprarse una atenuante». Y, siendo así, lo doloroso del caso es que se vuelve a constatar que, pese a los avances, la justicia sigue sin ser igual para toda la ciudadanía.

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