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Luis Nantón Díaz

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 5 de julio 2024, 23:08

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Esta semana CEPYME ha lanzado un necesario y certero manifiesto por la libertad de empresa, frente a la intervención gubernamental que asfixia a los emprendedores, y nos aboca a continuar con la eliminación de nuestro tejido empresarial. Muchos medios hablan de que los pequeños empresarios manifiestan su hartazgo, yo diría mucho más claramente, que declaran su deseo de pura y simple supervivencia.

No hablamos de la CEOE, más vinculada al distante y selecto IBEX 35, y siempre dispuesta a la sumisión a cambio de ciertas prebendas. Hablamos de los representantes de la pequeña y mediana empresa, CEPYME, que este miércoles, tras su Asamblea General, lanzaron un valiente 'Manifiesto de la pyme por la libertad de empresa'. Se fotografía claramente al gobierno de Sánchez, cada día más totalitario, y dispuesto a arrasarlo todo, con tal de mantenerse en la poltrona.

Las pequeñas y medianas empresas españolas, agrupan a la mayoría de la estructura productiva nacional con más de once millones de empleos. Hablamos de pequeñas empresas que día a día baten el cobre para intentar ganar un día más, para mantener y crear empleo, y para generar riqueza. Todo el mundo quiere prosperar, por eso se trabaja, pero en estos tiempos, y con estos gobiernos, sacrificarse invirtiendo tiempo y recursos en montar una empresa es casi suicida. Y eso es una situación tan indeseable, como estúpida. Las PYMES son el motor de la economía, de igual manera que la clase media es el motor de la sociedad.

En su discurso ante los empresarios, Gerardo Cuerva ha alertado contra la creciente presión del gobierno, hasta niveles inaguantables e inasumibles. Ha advertido claramente sobre «el asalto a la representatividad empresarial y el intento de deslegitimar lo que somos, junto con la demolición del diálogo social y la negociación colectiva». Desde esa misma tribuna, se denuncia la aprobación en los últimos años de medidas intervencionistas que menoscaban la flexibilidad y el buen funcionamiento de las compañías, la sobrerregulación y el excesivo control que se está imponiendo sobre la empresa, así como la política continuada de aumento de costes y cargas burocráticas, fiscales y sociales. Todo ello además, combinado con un discurso estigmatizador que impele un cambio de cultura sobre la figura del empresario, basada en la persecución de los beneficios, la rentabilidad y el éxito en los negocios. Es imprescindible respaldar la iniciativa privada y alentar el aumento de la inversión y la productividad, factores determinantes para impulsar el bienestar de la población.

Cuando todo el mundo habla de recuperar la competitividad y la productividad, tenemos a la superministra Yolanda Díaz, destruyendo más la economía con sus alocadas medidas, que nadie sabe cómo se van a pagar, ni dónde están sus ventajas. Por eso continúan mintiendo brutalmente sobre los catastróficos datos macroeconómicos, especialmente los vinculados al ministerio de esta señora, que un día habla como si estuviera en el gobierno, y al día siguiente parece que está en la oposición.

Cuando se contaban bien las cosas, al finalizar los contratos de trabajo temporales, engrosaban las listas del paro. Al pasar a fijos discontinuos, cuando cesan la actividad no son considerados parados. La Unión Europea determina que hay casi un millón de personas (985.000) que carecen de trabajo en España y que no están incluidas en las listas del paro. Pues, con estos 'éxitos', el gobierno continúa afirmando que vamos como un cohete, aunque tenemos cerca de 27.000 empresas menos que en el ejercicio 2020.

El manual bolivariano de este gobierno cada día es más atrevido y temerario. Les da lo mismo todo, y no hay objetivos a medio y largo plazo. Solo hay recursos para el pesebre, redes clientelares, medios sincronizados y cualquier cosa que nada o poco tenga que ver con la generación de riqueza, empleo, prosperidad y estabilidad. El que venga detrás, que se ate los machos. Por eso, todas las medidas laborales promulgadas por este gobierno en los dos últimos años han sido impuestas unilateralmente, mediante la imposición coercitiva, ignorando y menospreciando el diálogo social y la necesaria interlocución entre trabajadores y empresarios.

«Ante vosotros, en esta Asamblea, yo también me declaro harto; por eso denuncio la situación de ataque que estamos sufriendo», ha añadido Cuerva, quien ha acusado al Ejecutivo de ningunear las miles de mesas de diálogo social abiertas en toda España entre representantes empresariales y sindicales. «Las ningunea un Ministerio de Trabajo que pretende imponer sus trasnochadas tesis de control público de los medios de producción y de planificación económica, en la que la mayoría de los ciudadanos dependen directamente de los presupuestos del Estado». El objetivo de todas estas actuaciones -ha dicho Cuerva- «es incrementar los costes salariales sin acuerdos, modificar la reforma laboral por la puerta de atrás, aplicar normativas cada vez más exigentes, hostigar con nombres y apellidos a empresarios o mantener la voracidad recaudatoria». Muy importante la clara referencia a «la intención del Gobierno es intentar generar en la sociedad la imagen, volviendo décadas atrás, de un empresario contrapuesto a las políticas sociales y el estado bienestar e -conectando con la actualidad- imponer una reducción de jornada sin memoria económica y sin ninguna propuesta de compensación y flexibilidad».

Es un documento valiente, y parece ser que validado mayoritariamente por una amplia mayoría asociativa. El Manifiesto de la pyme española por la libertad de empresa recoge las líneas que el Gobierno no debería transigir con el fin de no interferir en el buen funcionamiento de la actividad empresarial, evitando su coerción y el establecimiento de obstáculos a su natural desarrollo.

Estos políticos deben abandonar sus demagógicas posturas. No hablamos del empresario con sombrero de copa del imaginario del Monopoly, sino de muchas familias que, pese a todo, intentan labrarse un futuro, invertir, arriesgar, trabajar y obtener una lógica contraprestación. Hablamos de personas normales que sencillamente intentan sobrevivir, y no se conforman con una permanente dependencia de papá Estado.

No es hartazgo, es el lógico y natural deseo de sobrevivir.

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