Jaula y arco iris

Los nuevos ogros

26/01/2020
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La legislatura estatal se presenta bastante agitada. Lo fue desde el primer momento con los flamígeros discursos de las derechas en la sesión de investidura. Construidos desde la mentira. No se rompe España. El Gobierno de progreso trabajará desde la Constitución y el conjunto de leyes de las que nos hemos dotado. También desde los márgenes que dicta Bruselas. Estamos ante un Ejecutivo socialdemócrata con un acotado espacio de actuación que, si lo hace bien, le puede posibilitar algunas reformas legislativas y decisiones presupuestarias que reduzcan las actuales desigualdades.

El constitucionalismo no es una exclusiva de nadie y el que pretende apropiárselo y utilizarlo en las luchas partidistas está, justamente, denigrando y atacando a una Carta Magna que es de todos y todas, que es integradora, que ha posibilitado gobiernos de distinto signo y lo seguirá haciendo en el futuro. Y que, por supuesto, como todas las constituciones y leyes, es imperfecta y modificable. Para lo que se precisa, afortunadamente, un elevado consenso que hoy no se da en modo alguno.

Estaba claro que la ultraderecha, como en otros lugares del mundo, iba a crispar todo lo posible el ambiente y poner sobre la agenda sus propuestas homófobas, racistas, antifeministas, de rechazo a los inmigrantes o contrarias a la lucha contra la Crisis Climática, así como enfrentadas al estado autonómico que refleja nuestra Constitución en el título VIIIº. No constituye ninguna sorpresa. Lo grave es como el líder del PP, Pablo Casado, está bailando al son de la música de Vox. Y como hacen lo propio los zombis que aún quedan del fracasado proyecto de Ciudadanos. Práctica de la que solo salen beneficiados los extremistas, los que no admiten la pluralidad ni las diferencias: ellos colocan sus disparates en la agenda pública y las otras derechas se encargan de bendecirlos y extenderlos.

Censura

Uno de los últimos acontecimientos ha sido la aceptación de la censura parental sobre contenidos educativos, planteada por el Gobierno de Murcia por imposición de la extrema derecha y que se han tragado los otros dos partidos del espacio conservador. Y que ha defendido con pasión el propio Pablo Casado que, a veces, intenta tímidamente acercarse al centro político y en otras ocasiones, como en la que nos ocupa, se divorcia completamente de él.

La educación pública es algo muy importante como para estar planteando artificiales debates que buscan, en el fondo, ningunearla y desprestigiarla. La escuela de todos y todas debe ser democrática, plural, espacio para los valores de respeto y empatía. Debe atender todas las situaciones y necesidades de nuestros niños y niñas, debe ser inclusiva. Debe ser científica. Y claro que en ella se puede y debe hablar de sexualidad. De derechos humanos. De violencia contra las mujeres. De igualdad entre mujeres y hombres. Si no, flaco favor estaríamos haciendo a las nuevas generaciones y a la convivencia.

«En ningún caso se está defendiendo a los niños y niñas con semejantes planteamientos liberticidas como la censura parental»

El currículo educativo no puede estar, en ningún caso, alejado de la vida. Claro que en los colegios e institutos hay que analizar la Crisis Climática y sus terribles consecuencias para el planeta en el que desarrollarán su existencia como adultos los niños y niñas de hoy si no lo terminamos por destruir del todo. Por mucho que sus padres y madres sean negacionistas. Y divulgar lo que las vacunas han supuesto y suponen para salvar millones de vidas, aunque sus progenitores, de forma irresponsable (porque afectan a la salud de sus hijos e hijas y también a las del resto de la comunidad) sean apóstoles del antivacunismo. Y de lo hermoso que resulta el hecho de donar sangre u órganos, aunque estrechas concepciones religiosas prohíban a sus miembros las transfusiones y trasplantes.

Y también desde las escuelas se debe facilitar la información que ayude a desarrollar una vida afectiva y sexual sana. Con información adecuada a cada etapa madurativa y que impida que nuestros chicos y chicas se formen a través de la pornografía, que convierte a las mujeres en objetos del placer masculino y que está cargada de violencia; que alimenta a los puteros y a las manadas. Que evite embarazos no deseados y minimice las cifras de abortos.

Ocurrencia

Una sexualidad que es diversa y en la que hay niños y niñas heterosexuales y homosexuales. Ocultar esa realidad solo pueda originar innecesarios sufrimientos. Que se sientan bichos raros. Causando depresiones e incluso que se planteen atentar contra sus propias vidas. Los que lo promueven se podrán querer mucho a sí mismos, no lo dudo, pero no quieren a los menores en general ni a su hijos e hijas en particular. El amor al resto de la humanidad, también a los más cercamos, familiares y amigos, va indisolublemente unido a la libertad, al respeto al derecho que tienen a tomar sus propias decisiones, a dirigir su vida.

Como señala la profesora Marian Moreno, «el veto parental de la ultraderecha es una ocurrencia política que va en contra de los derechos humanos, de los tratados internacionales, de las leyes estatales y autonómicas». Y añade que «la educación debe fomentar el respeto a la diversidad de género, racial, sexual... de todo tipo. Los niños y niñas tienen derecho a ser educados en el fomento de los derechos humanos y la no discriminación. Esto implica que debemos poner encima de la mesa todos los temas que atañen a la sociedad. Los niños y niñas se dice que son el futuro, pero son el presente. Ya existen y tienen derechos».

En ningún caso se está defendiendo a los niños y niñas con semejantes planteamientos liberticidas como la censura parental. Detrás de la palabrería presuntamente a favor de los menores hay pura ideología ultraconservadora, intolerante, marginadora, incapaz de entender que hay muchas maneras de vivir la vida y la sexualidad, que hay muchos tipos de familia, que el machismo nos hace más infelices y que es la ideología que está detrás de la discriminación y de la violencia contra las mujeres.

Las posiciones de la extrema derecha con la censura educativa parental, lamentablemente secundadas por una derecha que poco se parece a sus homólogas europeas, me hicieron recordar una vieja frase: a los ogros también les gustan los niños. Como a estos.