Ultramar

Lo robado, robado está

02/06/2018

Un par de paisanos conversa en la barra de un bar de la capital grancanaria. La charla gira, como en casi todos los corrillos, sobre la moción de censura a Mariano Rajoy. Hasta la marcha de Zidane, ¡el único que dimite!, queda en segundo plano. Y en esto uno de los contertulios, abrumado por las incertidumbres que se barruntan y agarrándose a lo de «mejor malo conocido...», proclama: «Lo robado, robado está». Y ante tamaña sentencia uno se retrotrae a la Venezuela de los entonces omnipotentes y ahora desaparecidos partidos Copei y Adeco, que se alternaban en el Gobierno de un país en el que la corrupción estaba institucionalizada y la gente de a pie asumía que para qué cambiar si estos ya habían robado lo suficiente, no fuera a ser que los nuevos mantuviesen las ancestrales costumbres. En fin. Ya ven en qué acabó aquello.

«Lo urgente, en esta incierta etapa que empieza, es vencer a la mafia toda, ‘porque la corrupción es la mafia’»

Esto no es Venezuela, pero en esas estamos en este país en clara regresión ética y democrática. Al margen de la idoneidad o no de la moción de censura que ha descabalgado a Rajoy del poder, lo imperioso en este tiempo que se abre plagado de dudas, es invertir ese estado de opinión que se explicita en ese contundente y clarificador: «Lo robado, robado está». El gran reto es activar una catarsis y una regeneración que destierre las prácticas corruptas que desde hace demasiado tiempo están instaladas en la vida cotidiana y política de este país.

Andrea Camilleri, el ilustre escritor italiano, con sus más de noventa años de vida, nos lo dijo esta semana: «La mafia se ha normalizado y extendido. Se razona mafiosamente sin saberlo, se actúa mafiosamente. La corrupción es la mafia». Toca vencer a la mafia.

Conviene no olvidar que la corrupción embarrancó a la socialdemocracia y ahora ha hecho embarrancar a la derecha, hasta el punto de que hemos llegado a la mayor crisis de Estado en demasiado tiempo, con políticos que hasta la fecha han sido incapaces de enderezar el rumbo y han convertido la política en tierra hostil.

Unos y otros han derrumbado esperanzas y alimentado el bando de los desolados, de ahí que casi el 70% de los españoles crea en los nuevos partidos frente a los tradicionales, sobre todo por decepción con lo vivido; pero, así no se construyen esperanzas.

Lo cierto es que la demanda social no cesa, ni cesará. Por tanto, lo prioritario, en esta incierta etapa en la que nos adentramos es vencer a la mafia toda, «porque la corrupción es la mafia», de lo contrario acordémonos de Copei y Adeco y de como acabó aquello.