...y los gatos tocan el piano

Lo menos malo

14/04/2019

Ya es oficial. Estamos en campaña y, según la entienden algunos partidos, serán unas elecciones a dos vueltas. La primera, el 20 de abril, día en el que elegiremos a quienes ocuparán los escaños del Congreso y las butacas del Senado. La segunda, el 26 de mayo, con los comicios locales, insulares y regionales, además de los europeos, con ese brexit rondando.

Pero, en realidad, ni son elecciones a dos vueltas ni tampoco elegimos presidencia de ningún tipo. Nuestro sistema es representativo y son los y las diputadas electas quienes, con su voto, una vez constituidas las Cortes, eligen a la persona que ocupará la presidencia. En Canarias, por muy nuevo Estatuto que tengamos o esa gran novedad llamada lista regional, tampoco elegimos directamente al futuro presidente o presidenta. Elegimos a la Cámara, y por eso parece absurda la disputa sobre quién va en la lista regional y o quién en la insular. El debate es meramente publicitario y, por qué no decirlo, simplemente infantil.

Pero esa última es la impresión que produce esta campaña. Ya sea Albert Rivera hablando a «los autónomos» en masculino genérico como le gusta a la RAE, ya sea Dolors Monserrat visitando una cooperativa platanera, el caso es que las palabras que más se escuchan en sus discursos son, aunque no necesariamente por este orden: comunista, separatista, independentista, Pedro Sánchez, Puigdemont, Torra y la expresión favorita, «romper España».

Si a una le gusta la política debe hacer un gran esfuerzo para encontrar un argumento bien definido. Es más, hay partidos que ni siquiera han presentado su programa electoral e improvisan ante los medios la primera idea que se les viene a la cabeza en ese momento, como que «el concebido no nacido» forme «parte» de la familia o que en Nueva York «abortan» bebés después de nacidos.

Quizás, para evitar esos disparates, la mayoría se ciñe al monotema catalán. A lo chaflameja se suman los nervios que están creando las encuestas que se van conociendo. Sondeos que marcan una altísima proporción de personas indecisas y que obliga a redirigir a ese bloque la línea estratégica para estas elecciones. Dudo, sin embargo, que esa masa electoral sea tan bobilina como creen los partidos políticos y quizá solo esté indecisa porque a estas alturas ya sabe que esta vez es necesario elegir en muchas instituciones «lo menos malo» porque no hay un «lo mejor», lo cual no deja de ser la tónica de este país.