Leonor y su abuelo

El rey emérito en su huida/exilio/fuga a Emiratos Árabes Unidos personifica la crisis del régimen del 78

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

Cuando la huelga general del 14D en 1988, la medianoche que arrancaba, a las cero horas, unos trabajadores de TVE desconectaron y la señal se fue a negro. Al madrugar la clase trabajadora, la desorientación fue tanta que se dio por descontado el éxito de la jornada huelguística. La faena estaba hecha. Desde entonces los sindicatos no lograrían un triunfo similar: forzaron al 'felipismo' a modular su política económica y aceptar medidas sociales de unas centrales sindicales que se sentirían fuertes para negociar. Poco tiempo después, por ejemplo, se pondría en marcha las pensiones no contributivas. Rumbo al hito de 1992 aún se pedían sacrificios, se había perpetrado una reconversión industrial especialmente virulenta en la cornisa cantábrica y el ministro Carlos Solchaga presumía que «España es el país del mundo donde más rápido puede uno hacerse rico». Sin la repercusión de TVE, CC OO y UGT no hubieran doblegado al PSOE que ya se había desprendido de la chaqueta de pana y se codeaba en distinguidos cócteles con la 'beautiful people'.

El rótulo de TVE («Leonor se va de España, como su abuelo») ha generado un revuelo que al tanto escandalizar manifiesta que Juan Carlos I está en Abu Dabi porque sus acciones son presuntamente delictivas y, de hecho, presentó una declaración complementaria ante la Agencia Tributaria. A mayor bullicio, más patente queda el bochorno borbónico. Desproporcionalmente se carga la culpa sobre los trabajadores de la cadena pública. Claro, como atañe a la monarquía pues, como al rapero y otros librepensadores, se les aplica inclemencia. Señales del temor instalado en la Casa Real en el que subyace su propia debilidad como institución. Es más, el rey emérito en su huida/exilio/fuga a Emiratos Árabes Unidos personifica la crisis del régimen del 78.

Incluso más allá de que el colegio de élite de la princesa Leonor lo vamos a pagar con nuestros impuestos, que se marche a Gales es sintomático. Juan de Borbón no desperdició la ocasión que le brindó Francisco Franco de que su hijo, Juan Carlos I, se formase en España y no en Estoril (Portugal). La dinastía borbónica tenía que aferrarse a esa rendija aun sabiendo que la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial no removería a la dictadura: comenzaba la Guerra Fría y el franquismo era un enclave geopolíticamente interesante para Estados Unidos en su pugna contra la Unión Soviética. El regreso de la monarquía pasaba, entre otras cosas, por que Juan Carlos I se instruyese en España mientras rendía periódicas pleitesías domingueras a Franco y Carmen Polo. Luego vendría la Transición y, por ende, la inauguración de la Segunda Restauración borbónica. Y por algo Felipe VI estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; seguía la tendencia de anclaje académico. Sin embargo, literalmente Leonor se va de España (como su abuelo) y no se queda aquí. El rótulo de TVE, en realidad, es lo de menos. La crisis borbónica persiste. Que se vaya es revelador. Y no casa con el ánimo y sentir de una sociedad abocada al desempleo, el empobrecimiento colectivo y una creciente desigualdad. La desconexión es palmaria.