Café para todos

La mejor semana de Màxim Huerta

14/06/2018

Tardó en anunciar su dimisión. Incluso cuando estalló la bomba negó tajantemente que lo fuera a hacer. Pero la situación era insostenible. Un ministro no puede tener semejante mancha en su historial, y más tras haber llegado al poder amparado en una moción de censura contra un Gobierno salpicado por corrupción. Una semana ha durado la broma del ministro de Twitter. Le dio tiempo de lucir sombrerito en la final de Roland Garros, al menos.

Torpeza mayúscula la del Gobierno de Pedro Sánchez. Se nota que se nombraron ministros y ministras con prisas. Es la obligación de cualquier partido el comprobar minuciosamente el pasado de los que serán sus pesos pesados en el Ejecutivo. Y más de 200.000 euros de multa por intentar hacer la trampa a Hacienda no parece un detalle menor. Vayamos por partes. Cuando El Confidencial adelanta la noticia de las irregularidades del expresentador, se desata una tormenta de dimensiones épicas en el flamante Gobierno socialista. Tan solo una semana después de ser nombrado, el ministro con más glamour, el del programa de Ana Rosa, el ministro nacido a base de tuits y de alguna novela menor, se despertaba de su sueño. La dura realidad entraba en el ministerio de Cultura y Deporte para desalojar al ministro más breve de la historia de la democracia en España.

«Es la obligación de cualquier partido el comprobar minuciosamente el pasado de los que serán sus pesos pesados en el Ejecutivo»

Tras afirmar que «no dimitiré, porque este es un asunto de Màxim Huerta, no del ministro de Cultura», los detalles eran demoledores. Los usuarios de Twitter comenzaron a sacar a luz viejos mensajes de Huerta, en los que afirmaba perlas como «estar al día con Hacienda ya no se lleva». Vaya joyita.

En su despedida antes los medios, se declaraba víctima de «una jauría». Como siempre en este caso, la culpa es de los medios, de la sociedad, y de los asesores que le recomendaron hacer trampa. Nada de autocrítica, ni de perdón. Está claro que su dimisión más bien fue un cese fulminante. Pedro Sánchez, que se llevó grandes aplausos por su atrevido nombramiento, no ha podido salvarle el cuello. Ahora no. Màxim, por su parte, ha pasado la mejor semana de su vida.