Un martes cualquiera

La lección de Gerard

05/03/2019

No suelen gustar las palabras de Piqué. Quizá porque coja a contrapié tanta coherencia en su discurso, cuando la imagen que se tiene de los futbolistas es la de mentes limitadas que viven en su propia burbuja. Pero el jugador, solidarizado con los presos políticos catalanes -sí, presos políticos, que es lo que son-, no se dejó llevar por la euforia tras su penúltima -y enésima- exhibición en el Bernabéu y denunció el tratamiento de los medios nacionales al juicio del procés. «Si se hablara tanto del juicio injusto a los presos políticos como del VAR, iríamos mejor como país», expresó.

Y el aluvión de críticas no se hizo esperar. La de Carlos Herrera fue de las más notorias: «Gerardo Piqué mostró su lado más demagogo, provocador y cretino», expuso con inquina. Su poder en La Cope, su dilatada experiencia y ser una de las grandes referencia del periodismo español le lleva a sentirse por encima del bien y del mal. Pero el desprecio tuvo su justa consecuencia: «El señor Carlos Herrera me llamó Gerardo en todo despectivo, me llamó cretino, pero no le voy a cambiar el nombre ni le voy a insultar. Mis padres me enseñaron que el respeto es otra cosa», fue la respuesta del deportista. Herrera tuvo que recular y terminó disculpándose con el rabo entre las piernas.

«Piqué dio una lección a Carlos Herrera y su denuncia al esperpento del juicio del procés la secunda hasta el CIJ»

Porque para algunos políticos y periodistas, los deportistas, a no ser que compartan su mantra e ideario, no deben mezclarse en política. Pero si eres Nadal y repites discurso, estamos ante un ser ejemplar que además de ser un portento físico tiene la cabeza bien amueblada. En cambio, Piqué es un catalán oportunista que solo sabe dar patadas a la pelota y no sabe lo que dice. A Tebas, reconocido simpatizante de VOX, tampoco le gustaron sus declaraciones. «Piqué es un gran futbolista, pero un mal jurista». Seguramente lo que le preocuparía a Gerard es recibir elogios de personajes con esos ideales. Cuanto debe doler que un jugador de tan alto nivel se comprometa con su pueblo, aproveche su potente altavoz para denunciar causas injustas y, encima, lo haga con un raciocinio y clarividencia sobresalientes. Porque Piqué clama contra un litigio que, una vez más y esto ya no es noticia, retrata a la justicia española.

El juicio a los políticos del procés, que lleva ya varias semanas celebrándose, está adquiriendo una absurdez interminable. Peticiones de 25 años de cárcel como si fueran asesinos, preguntas sobre pegatinas a favor de la independencia en vehículos de la Guardia Civil... Hasta la Comisión Internacional de Juristas advierte que «una sentencia condenatoria en el juicio al procés socavaría la confianza en el Estado de derecho en España». O lo que es lo mismo, una pena a los 12 líderes independentistas sería un escándalo. El propio CIJ ve preocupante que se lleve al campo del derecho penal un caso «que fue un ejercicio legítimo de opinión y asociación política». Como siempre, la cordura tiene que venir desde fuera. O, en este caso y por más que duela, de alguien como Gerard -que no Gerardo- Piqué.