Del director

Juego político a varias bandas

02/12/2019
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El juego de la investidura tiene un problema: no habrá debate hasta que el rey tenga claro que puede contar con un candidato que sume mayoría. Y eso por el hecho de que en la inevitable ronda de consultas, el representante de Esquerra le diga claramente al monarca que sí apoyarán a Pedro Sánchez. Más aún, previsiblemente Felipe VI no iniciará esas consultas hasta tener una mínima garantía de que puede acabarlas con un candidato claro.

Así, sin quererlo o queriéndolo, la figura del monarca se coloca como parte del tablero político. Y por si fuera poco, por el otro lado del mismo también le complican la papeleta, pues la iniciativa lanzada ayer por Inés Arrimadas, al ofrecer un pacto entre «constitucionalistas», obliga más que nunca a la Casa Real a medir al milímetro los pasos que da. Cualquier cosa que haga puede ser interpretada por alguno como que se posiciona del lado del contrario y es lo que le faltaba a la monarquía ahora que partidos claramente favorables a la república -recordemos cuál es el apellido de Esquerra- parecen llamados a ser pieza clave en la gobernabilidad del país -o del Estado plurinacional, o la nación de naciones o lo que acabe siendo España...

El arranque hoy de la legislatura puede servir para algo. De entrada, para ver si de verdad el frente de centro-derecha es tan sólido como lo ha sido hasta la fecha en autonomías y ayuntamientos donde sumaron. La confección de la Mesa del Congreso centra las miradas, con ese juego de favores cruzados para que Vox se libre del cordón sanitario que pretendían socialistas y Podemos y para que Ciudadanos también tenga su hueco. Lo que son las cosas: el partido naranja tiene que vivir ahora de favores prestados... Esa necesidad de hacerse notar, de recordar que todavía existe, es lo que llevó ayer a Inés Arrimadas a plantear un acuerdo a modo de salvación nacional. Un gesto valiente en todo caso en un país donde casi nadie quiere mover ficha pero que solo tiene opciones de futuro si el PP se presta al juego de abstenerse para hacer presidente a Pedro Sánchez. Y ya ayer Pablo Casado advirtió que no está por la labor. Una posición comprensible por el miedo a que cualquier concesión al PSOE acabe engordando todavía más la cesta de votos de Santiago Abascal, en especial si finalmente no hay investidura y regresamos en marzo o abril a las urnas.

¿Cuál es entonces la conclusión? La única clara es que cada día que pasa, el voto de ERC vale más. Ellos lo saben y van a subir la cotización hasta el último minuto.