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Imagen del castillo de La Luz, en la capital grancanaria. Arcadio Suárez
Fortificaciones isleñas y cultura de defensa
Opinión

Fortificaciones isleñas y cultura de defensa

«Canarias en general, y la isla de Gran Canaria en particular, puede ser un ámbito muy adecuado para entender lo que significa una «cultura de defensa» bien aceptada y arraigada en el seno de la sociedad insular»

Juan José Laforet

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 25 de mayo 2024, 23:07

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Se celebra en estas fechas de mayo el ya tradicional Día de las Fuerzas Armadas. Unos días que, más allá de la diversidad de actos culturales e institucionales de que se ofrecen a la ciudadanía, para facilitarles un acercamiento y un mejor conocimiento de los cometidos que tienen y los medios que disponen los distintos ejércitos, debe aprovecharse para conocer mejor y reflexionar sobre eso que se ha dado en llamar «cultura de defensa», y cuál es el papel que en ella tiene la ciudadanía en la actualidad.

Pero enseguida nos preguntaremos, ¿qué es eso de «cultura de defensa»? Como primera respuesta puede valernos que se trata, como exponía el general de brigada Francisco Laguna Sanquirico, en un trabajo titulado 'Hacia una cultura de defensa' (1996), del «espíritu que necesita un pueblo para organizar su defensa y participar en la lucha por sus intereses. Como este espíritu ha de partir necesariamente del conocimiento por este camino se aproximan unos y otros, aunque en sentido estricto el primero parezca referirse más a las ideas y al conocimiento de los datos y los segundos a los sentimientos que mueven a los hombres y a las naciones». Pero, al mismo tiempo, se refiere a la información periódica, a que «el esfuerzo debe dirigirse a que los organismos pertinentes faciliten la mayor información posible al objeto que lo que llegue al ciudadano sean noticias contrastadas y planteadas con rigor. A partir de ahí y sobre la base de los comentarios que sobre aquéllas se hagan se logrará un clima más positivo y más sereno sobre unos problemas que precisan de la comprensión del conjunto de la sociedad».

Y Canarias en general, la isla de Gran Canaria en particular, puede ser un ámbito muy adecuado para entender lo que significa una «cultura de defensa» bien aceptada y arraigada en el seno de la sociedad insular, al menos en la de siglos atrás, cuando la amenaza externa era constante y los medios defensivos pocos. Hace poco se conmemoraba el 450 aniversario de la creación de las Milicias Provinciales de Las Palmas, Telde y Guía, que se convertía, entre la mitad del siglo XVI y la del siglo XIX, en la verdadera fuerza de protección de la isla, a la que se sumaban, en casos necesarios casi la totalidad de la población.

Ahora, en el mes de junio, se conmemorará el 425 aniversario del ataque del almirante Pieter Van der Does, toma de la capital grancanaria y posterior «gesta de El Batán». Cinco años antes tuvo lugar la derrota del corsario Francis Drake y siglos después la presencia de las Milicias isleñas en escenarios bélicos lejanos como la Campaña del Rosellón o la Guerra de la Independencia, donde brilló el cuerpo de voluntarios grancanarios conocido como la 'Granadera Canaria', de la que hoy es también digno heredero el Regimiento de Infantería Canarias Nº 50 'El del Batán'. Estos, y otros muchos precedentes -y no excluyo el trabajo significativo que escribió en 1702 Pedro Agustín del Castillo, alférez mayor de la isla y alcaide de la Fortaleza de Las Isletas, bajo el título de 'Previsiones públicas y militares para defender esta isla de Gran Canaria'-, en los que la sociedad insular tuvo un protagonismo arraigado y constante, nos muestran una isla en la que, desde tiempos inmemoriales, una de las misiones esenciales que tuvieron que asumir sus pobladores, sus instituciones, fue la de la defensa de su territorio, actividad a la que debían adjudicar todos los recursos que su economía y su poblamiento le permitía, con el fin de garantizar que aquí el progreso y la libertad fueran posibles.

Esta concepción, arraigada durante siglos en el seno de la sociedad grancanaria, conecta directamente con lo que ahora dispone el artículo 30.1 de la Constitución Española de 1978, que señala como todos «los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España», desde esa óptica que presenta a la «defensa» como un objetivo que abarca muchas más cuestiones que las estrictamente militares, y que es una obligación que atañe a toda la ciudadanía, por lo que debemos entender el asunto como una verdadera «cultura», que no es otra cosa que «nuestra forma de habérnosla con nuestra realidad».

Es por ello que, en estos días de mayo en los que se celebra el Día de las Fuerzas Armadas, y a la luz de los precedentes antes mencionados que también se conmemoran ahora, acostumbro a recordar cómo la historia de Gran Canaria, dada su condición de ser una isla enclavada en una de las rutas atlánticas más estratégicas, ha sido la historia de su seguridad y su defensa, y con ello la de su historia militar, algo que marcó su desarrollo, la realidad de muchos acontecimientos en el devenir de los siglos y, en gran medida, mucho de la forma de ser de sus habitantes, así como de su urbanismo, su arquitectura, sus tradiciones y su cultura, y, casi me atrevo a decir que el mismo carácter isleño.

Ante ello, y ante este nuevo Día de las Fuerzas Armadas, he tenido la suerte de acceder y leer con detenimiento un magnífico trabajo en el que, en dos tomos, editados por el propio Ministerio de Defensa, el arquitecto José Félix Álvarez Prieto estudia detenidamente, y desde una óptica que diría multidisciplinar, la 'Arquitectura Militar de la Islas Canarias' (2023). Una obra que actualiza y complementa el clásico tratado del general de brigada José María Pinto de la Rosa (Tenerife, 1893-Gran Canaria, 1969) 'Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias' (magníficamente editado en 1996 por Museo Militar Regional de Canarias). Álvarez Prieto, que se ha formado también en Suecia en Geografía Humana, y en Madrid en fotografía y cámara, no se limita a meras descripciones técnicas, sino que afronta su trabajo desde una investigación del sistema defensivo en Canarias, buscando sus antecedentes y sus vestigios. Un trabajo que no sólo es una exhaustiva recopilación de las fortificaciones existentes en cada isla, sino que avanza, tras describir su desarrollo histórico, en un análisis pormenorizado de la evolución arquitectónica de estos monumentos a través de la historia y referir su estado actual, en una investigación bien documentada sobre plano antiguos, actuales y fotografías de distintas épocas. En todo ello, en la esencia de su estudio y de sus conclusiones, emana la presencia y el protagonismo que, en la construcción y mantenimiento de estos verdaderos monumentos, que en cierta medida también fueron tomados como ejemplo para determinada arquitectura civil, pública y privada, tuvo la sociedad canaria en su conjunto, desde esa perspectiva de su integración en las necesidades defensivas, que hoy pasaríamos a denominar «cultura de defensa». Y lo reconoce su autor cuando señala como «lo que nació como un estudio exclusivo de la arquitectura militar existente en las islas, un estudio expresivo de los castillos canarios, fue aumentando en importancia y complejidad a medida que se profundizaba en su conocimiento, adentrándose en su apasionante historia». Una obra de lectura y de consulta imprescindible en bibliotecas y centros docentes de toda Canarias.

Este 2024 el Día de las Fuerza Armadas en Canarias cuenta con esta obra como una interesante y valiosa aportación, tanto por el estudio histórico que ofrece de las fortificaciones militares que señalaron el paisaje insular, como por contribuir a señalar el papel consciente y arraigado que la sociedad canaria tuvo en esa «cultura de defensa» que permitió, con grandes sacrificios, mantener la seguridad y la libertad de estos territorios insulares. Un mensaje que hoy, y en los tiempos venideros, deberán recoger y asumir en toda su amplitud las actuales generaciones de isleños, y en el que también resuenan aquellas palabras de Benito Pérez Galdós cuando decía que «no hay libertad sin ejército, ni ejército sin libertad».

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