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JUAN CARLOS ALONSO
75 años que compendian siglos de historia
Tribuna libre

75 años que compendian siglos de historia

Un entorno real que se mitifica a través del tiempo y se convierte en un hito, entendido como algo clave para la capital atlántica, tricontinental, encrucijada de caminos, ruta estratégica para la economía, la cultura y la sociedad

Juan José Laforet

Cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria

Jueves, 16 de mayo 2024, 22:58

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Siempre me ha parecido sustantiva la mirada del otro sobre todo como camino para entenderse a uno mismo. En este sentido valoro como Elizabeth Hodkinson, un asidua visitante británica de esta isla a mitad de siglo pasado, abre su sustantiva y culta 'Guía Turística de Gran Canaria' (1964) reiterando aquello de que «nadie puede comprender o gozar plenamente de un país sin saber algo de su historia, pues el presente es el resultado del pasado», por lo que, al mirar a la capital grancanaria no duda en señalar una verdad que, sesenta años después, mucha gente propia y foránea parece desconocer, y es que «en Las Palmas la historia de la Ciudad y de la Isla, le sale al paso a cada vuelta, en las costumbres y aspectos de las gentes, en las construcciones y en los nombres de las calles». Estos días nos sale al paso un aniversario que va más allá de los 75 años que formalmente conmemora, pues se trata de un espacio, de un ámbito urbano, de un uso específico que nos retrotrae a siglos atrás, a un devenir histórico, a acontecimientos que marcaron el devenir de la ciudad, y de la isla en gran medida. Un entorno real, y al tiempo simbólico, que se mitifica casi espontáneamente a través del tiempo y se convierte en un hito, entendido como algo clave e ineludible para la misma identidad del lugar, en este caso esta capital atlántica, tricontinental, encrucijada de caminos, ruta estratégica para la economía, la cultura y la sociedad.

Se conmemora el 75 aniversario del establecimiento formal del Arsenal de Las Palmas, que muchas personas conocen popular y afectivamente como la Base Naval -aunque dadas todas las amplias y diversas funciones que cumple, su inserción en la vida cotidiana del Puerto de La Luz en su conjunto, o las relaciones que mantiene con la sociedad grancanaria, no es aventurado decir que es mucho más que un atraque de buques, que es una auténtica Base-. Y aunque se consigna oficialmente como tal Arsenal hace setenta y cinco años, nombrándose como su primer responsable al capitán de navío grancanario Fernando Meléndez Bojart, su implantación comienza muchos años antes, cuando los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, y la continua presencia de buques de guerra de los países beligerantes, hace que se tome la decisión de establecer una base naval permanente en Canarias. Así, el 12 de julio de 1940 se crea la Comandancia Naval de Canarias, y a finales de año la Base Naval.

Desde sus primeros años, y en especial a través de los años cincuenta y sesenta, el Arsenal se insertará definitiva e ineludiblemente en la vida cotidiana del Puerto de La Luz y de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Será testigo y protagonista de las obras que transforman, amplían y modernizan el orbe portuario en diversos momentos, aparece la tradicional procesión marítima de El Carmen de La Isleta a bordo de un buque de la Armada, o se imbrica en actividades ciudadanas culturales, festivas y deportivas, al tiempo que su espacio se modifica en distintos momentos para adecuarse a las transformaciones urbanas.

Pero los orígenes de este enclave naval y el significado del orbe costero en el que se asienta hay que buscarlo mucho más atrás. Se trata de un Arsenal, con una magnífica portada y muro, diseñada por el prestigioso arquitecto Secundino Zuazo en 1943, que hoy por si misma es también un hito urbano, que evoca la historia de la defensa de Gran Canaria, el devenir de los ataques navales que la isla sufrió constantemente en sus primeros siglos de existencia, la memoria de eventos señeros y trascedentes, y de sus personajes más destacados. Y ello en una ubicación clave, en un espacio construido, visible desde lejos y de aspecto imponente, que le convierte en uno de los símbolos de la ciudad. Es el entorno del primigenio desembarco mallorquín en el siglo XIV, que trajo a la zona el topónimo de Santa Catalina, de la llegada del fundador de la ciudad aquel 24 de junio de 1978, del paso de Cristóbal Colón en 1492, de los ataques de Drake y Van der Does en 1595 y 1599 respectivamente, del desaparecido (en 1933) Castillo de Santa Catalina, diseñado por el ingeniero Próspero Casola en 1630, del proyecto de un puerto en la Bahía de Las Isletas (1875) que el Ayuntamiento encargó entonces al tinerfeño Domingo de Nava y Porlier, Teniente General de la Armada (1740-1812).

Pero la mirada isleña puesta en sus defensas navales, sobre todo cuando ello deja de ser un asunto de costas y se traslada a estrategias que se asientan en ámbitos oceánicos más lejanos, se pone pronto en la necesidad de contar con una base naval o un establecimiento de ese tipo que garantice la seguridad de las islas. Quizá en ello esté, junto con otras necesidades administrativas, la reclamación insistente de una Comandancia de Marina de primera clase, a la altura del gran puerto que se construía a finales del siglo XIX. O que, en 1905, con motivo de la visita del ministro de Marina, la prensa local ya reclamara medidas de defensa naval para Canarias. Y es significativo que, en el Cabildo Insular el 23 de abril de 1913, una fecha muy temprana de su historia, como recogió el cronista Carlos Navarro Ruiz, «nuevamente volvió a hablarse de los propósitos de crear una Comandancia General De Marina, y nosotros, por si la noticia era exacta, hicimos valer nuestros mayores derechos por la importancia del Puerto de La Luz…». Terminada la primera Guerra Mundial, con el recuerdo aún muy vivo del paso en 1916 del primer submarino de la Armada, el 'Isaac Peral' que tras llegar directamente desde Nueva York debió someterse a complicadas reparaciones en los astilleros del Puerto de La Luz, con la presencia constante de buques de guerra de muy diversos países, se abre de nuevo en la prensa local un gran debate sobre la necesidad de contarse en Canarias, y en especial en el Puerto de La Luz, con una gran Base Naval, reconociendo el Diario de Las Palmas, el 15 de febrero de 1924 en primera página, que «no es nueva la idea de establecer una Base Naval en Canarias», y destacar para ello la «supremacía del Puerto de La Luz». También la Armada solicita en 1927 el Castillo de Santa Catalina como 'Puesto de Salvamente de Náufragos', que puede ser el precedente directo del Arsenal en esa ubicación. Se le concede en noviembre de ese año, y lo recibe el teniente de Navío Emilio Suárez Fiol, en nombre del Ministerio de Marina.

Muchas páginas se podrían y se deberían escribir no sólo sobre la historia del Arsenal de Las Palmas, sino sobre lo que representa su presencia y su ubicación en la entrada del gran Puerto de La Luz, o la ineludible significación que tiene para la historia y el devenir de la defensa de Gran Canaria. Un espacio y una ubicación construida en lo físico -pues no existía- y en el imaginario social que, a la luz de la historia del lugar, de la ciudad en su conjunto, lo instituye como hito identitario y lo mitifica. Se conmemoran 75 años que compendian siglos de historia.

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