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Combatir la emergencia hídrica en Canarias
Tribuna libre

Combatir la emergencia hídrica en Canarias

No hay que olvidar que Canarias, además, tiene un parque de instalaciones de desalación muy importante, con una cifra numérica elevada de plantas

J. Jaime Sadhwani Alonso

Catedrático de Universidad en Tecnologías del Medio Ambiente

Jueves, 21 de marzo 2024, 22:57

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La reserva de recursos hídricos naturales en España, viene arrastrando en los últimos años, problemas de disponibilidad del recurso, por sus bajos niveles de almacenamiento ante un ciclo continuo de escasez de lluvias y elevadas temperaturas. Su problema es que los que no opinan lo mismo viven en una democracia distorsionada –que pone en duda la igualdad entre las personas, privilegiando unos valores y despreciando otros– y apenas cuentan en la actividad institucional.

Canarias es un archipiélago con una escasez de recursos hídricos naturales importantes, agravado aún más por el déficit de precipitación y los incrementos de temperatura, que afectan fundamentalmente y no sólo al motor económico de la isla (el turismo), sino también al sector doméstico y sobretodo al sector de la agricultura.La solución adoptada en Canarias para paliar la escasez del recurso hídrico natural, ha sido su apuesta decidida por la desalación de aguas tanto de mar como salobres, para el abastecimiento urbano. No obstante sigue existiendo una preocupación muy importante por la disponibilidad del preciado recurso hídrico, motivado por el creciente desequilibrio entre su oferta y la demanda.

El término de emergencia ya lo acuñamos incluso también para el sector del agua, emergencia hídrica, algo que desde hace unos años, cada vez es más frecuente, como lo viene siendo la emergencia climática o la emergencia energética. Tanto es así que los responsables de la gestión del recurso hídrico, comienzan a declarar situaciones de emergencia hídrica en las islas, y como veremos, para combatir los períodos de sequía y altas temperaturas, cuyos efectos son notorios en las reservas existentes, provocan serios problemas de abastecimiento a sectores muy importantes como el de la agricultura o el de abastecimiento urbano, por la falta de lluvia.

Pongamos datos relevantes, sobre las declaraciones de emergencia hídrica en los últimos años, en Canarias, comenzando por la primera en la isla de El Hierro, en el último semestre del 2022. Lo mismo ocurrió en la isla de la Gomera, con su declaración de emergencia hídrica en julio del 2022. Le siguen Lanzarote y Fuerteventura a finales del 2023 y por último, la planteada recientemente en la isla de Tenerife. Si analizamos las mismas, su denominador común se centra en realizar inversiones en infraestructuras hidráulicas, para paliar la emergencia hídrica, con cargos a presupuestos del Gobierno de Canarias.

También debemos preguntarnos, si la obsolescencia y previsión de nuevas infraestructuras hidráulicas, no debieran estar contempladas en los Planes Hidrológicos de las 7 Demarcaciones Hidrográficas de Canarias. Donde además, la planificación de los recursos hídricos, se establece de forma cíclica y revisable por períodos de seis años en los Planes Hidrológicos Insulares.

Otra cuestión a plantear es, si con ello, garantizamos paliar el déficit de suministro de agua a sectores como a la agricultura y al doméstico, los más afectados, o realmente tenemos que apostar por otras fuentes de suministro, como ha sido hasta ahora, la desalación de aguas.

No hay que olvidar que Canarias, además, tiene un parque de instalaciones de desalación muy importante, con una cifra numérica elevada de plantas, alrededor de 300 unidades y una capacidad de producción cercana a los 600 millones de litros de agua desalada; con una mayor incidencia de su uso en las islas orientales por la falta de disponibilidad del recurso hídrico natural, aunque su presencia es en 6 de las 7 islas, a excepción de La Palma. Tenerife y La Palma, presentan un histórico de pluviometrías muy superior al resto de las islas, así como un mayor número de fuentes de recursos hídricos naturales y sin embargo, éstas también están en situación de emergencia.

Y si hablamos del estado de situación de las instalaciones desaladoras que actualmente se encuentran en servicio, especialmente aquellas que utilizan tecnologías de membranas con procesos de ósmosis inversa, los más utilizados en Canarias. Podemos observar que en los últimos veinte años, dicha tecnología se ha limitado a crecer mediante ampliaciones de líneas de producción, cómo es el caso de las desaladoras de Las Palmas III-IV, la del Sureste , por ejemplo en la isla de Gran Canaria, aunque tienen fechas de puesta en marcha del finales de la década de los 80 y principios de la década de los 90. Otra instalaciones con tecnología de vapor también se ha construido en la década de los años 2000, pero nunca se han puesto en funcionamiento continuo.

Hasta ahora, no nos hemos centrado en nuevas infraestructuras de desalación, sino en las existentes, a base de aumentar la capacidad de producción y reducir el consumo de energía que se requiere en la producción del metro cúbico de agua desalada.

Por otro lado, en los Planes Hidrológicos Insulares, se ha introducido una nueva variable para minimizar el desequilibrio existente entre la oferta del recurso y la demanda, con la reutilización de las aguas. Lo cual permite gestionar eficientemente el ciclo integral del agua, siempre que podamos disponer de mayores demandas e infraestructuras en puntos de consumo, y costes asequibles del metro cúbico de agua regenerada.

Llegado hasta aquí, lanzamos otra cuestión, y sí la emergencia hídrica afectase directamente al consumo doméstico, estamos preparado para paliarla con las ofertas existentes, o tendremos que cuestionarnos si la gestión y planificación del recurso hídrico es adecuada.

Si la desalación y la reutilización de las aguas, son algunas de las soluciones tecnológicas planteadas para paliar la escasez del recurso hídrico en Canarias, con una tradición y experiencia de casi medio siglo, exitosa y de referencia a nivel mundial, tendremos que plantearnos que nos ha pasado para retroceder a la denominada emergencia hídrica, pero siendo conscientes de la emergencia climática.

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