Lunes en África

Informe de rutinas

21/10/2019

Lo normal es así. Un relato de números que describen mayorías, crónicas reiteradas de majaderas insistencias. Decir que el 64% (o dos tercios) de los canarios vive «en el límite de sus posibilidades» es normal. Siempre ha sido así. Incluso en otras épocas sin tanto informe y de más hambre, los datos fueron peores aunque nadie los contara. La pobreza en Canarias es una costumbre mansa, una ratonera de donde no se sale. En todos los sentidos; la isla, cada isla, es el escenario natural de la pobreza. Desde fuera no se ve, porque nadie mira hacia al otro si no tiene que cruzarse con él. Los pobres que habitan islas son seres invisibles, y no hay subversión que obligue a contemplarlos. Un circuito viciado que no genera altercados, pese los avisos del incómodo obispo Echarren

El anterior presidente de Canarias llegó a verbalizar al principio de su mandato que en este Archipiélago hay unas 150.000 personas que jamás van a salir del túnel, así, sin rastro de rebeldía. El suyo es el ejemplo más reciente de que el reconocimiento de los problemas no obliga a darles solución; ahora, gracias a los méritos contraídos, es senador en nombre de todos los canarios. Antes que él, todo fue lo mismo. Da igual quien los haga; Cáritas, Hacienda, cualquier observatorio europeo, o la Nasa. Los resultados son siempre iguales; se repiten como campanillas de leproso, sin más intención que avisar al tercio pudiente para que cambie de acera sin salpicarse.

Ahora que los funcionarios van a estar bien alimentados, a ver si con dos pequeños gestos son capaces de hacer que el círculo gire de otra forma. Bastaría que las ayudas sociales básicas incorporen algún criterio más que el turno de sellado. Y que los trámites no obliguen a los pobres a mendigar durante meses por los despachos.