EFE

Informarse y cabrearse

Para cabrearse con fundamento hay que informarse antes. Aquí el orden de los factores sí altera el producto

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

En su novela 'Sobre los huesos de los muertos' la Premio Nobel de Literatura en el año 2018, Olga Tokarczuk, deja clara la aversión de la protagonista a los periódicos diciendo que no los lee porque éstos buscan que entremos en un permanente estado de desasosiego para dirigir nuestras emociones lejos de aquello hacia lo que realmente deberían encaminarse. Y en un reciente reportaje sobre la crisis ucraniana una ciudadana de allí manifestaba: «Sobrevivo porque no enciendo la televisión». Desde las mismas trincheras de Ucrania el veterano reportero Anatoli Stepanov decía hace unos días, sabedor de que todo puede cambiar en un instante: «El frente está más tranquilo que Kiev. No hay nada similar a la histeria que ves en los medios en este momento. Durante el último mes nada ha cambiado realmente en el frente».

No digo yo que no haya muchos medios de comunicación aplicados en alimentar la desazón y la crispación, como tampoco voy a decir que todos son un dechado de candor apostando exclusivamente por el derecho a la información, lo que sí tengo claro es que éstos, en tanto en cuanto transmiten hechos veraces, otra cosa son las emociones, y allá cada una con las suyas, son el mejor instrumento para contar con los elementos suficientes con el que poder fiscalizar la histeria que determinados intereses políticos intentan generar, sabedores de que hoy resulta más fácil cabrearse que informarse, en la medida que informarse cuesta. Cuesta como mínimo un pequeño esfuerzo de lectura o atención. No se debe tampoco olvidar que una premisa básica para cabrearse con fundamento es haberse informado previamente. Aquí el orden de los factores sí altera el producto.

Un ejemplo palmario de esto lo tenemos esta misma semana en el incidente registrado en el Ayuntamiento de Lorca, donde un grupo de exaltados ganaderos intentó asaltar el pleno municipal. Al día siguiente algunos de los protagonistas reconocieron que habían acudido a la convocatoria totalmente «desinformados». Y es que la mentira suele propagarse con más rapidez que la verdad, de ahí la epidemia de noticias falsas ('fake news') que recorren el mundo y desestabilizan gobiernos.

Es responsabilidad de todos, por tanto, poner coto a tanto desmán de falsedades. La condición de ciudadanos conlleva derechos y deberes. Los derechos no se regalan, se conquistan y se defienden. Preservar el derecho a la verdad nos obliga y compete a todos.