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De Iglesias a Díaz

Del director ·

Podemos parece un polvorín en el que los dinamiteros son ellos mismos

Lunes, 16 de mayo 2022, 23:25

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A la izquierda del Partido Socialista, las miradas están centradas en Pablo Iglesias, a quien se señala como la persona que entre bambalinas le estaría poniendo la zancadilla a Yolanda Díaz y evitando una reunificación de los partidos que pretenden hacer suya la bandera de una izquierda supuestamente más cercana a los ciudadanos.

De Pablo Iglesias sabíamos que teóricamente se había retirado de la primera línea de la política y que volvía a la docencia universitaria. Sin embargo, su condición de tertuliano, analista y comentarista en diversos medios, donde además se compromete bastante en cuestiones de actualidad en nuestro país, refleja que Iglesias nunca se fue del todo. La incógnita es si habrá un regreso, esto es, si espera a que Unidas Podemos se arruine por completo para entonces aparecer con el argumento de que él y solo él conoce la fórmula mágica para la resurrección.

Si así fuera, tampoco habría que esperar mucho. Tal y como van las cosas, Podemos parece un polvorín en el que los dinamiteros son ellos mismos. Andalucía es la prueba del algodón: el fiasco de la candidatura unitaria no es solo una demostración de impericia sino la constatación de que no todos a la izquierda del PSOE tenían intención de que saliera bien la aventura.

Las elecciones adelantadas por Juanma Moreno pueden dejar a ese bloque con una presencia casi testimonial. Si así fuera, no sería del todo justo que Iglesias se presentase el día después de los comicios a analizar lo sucedido como un espectador recién aterrizado en el planeta Tierra, pues el exlíder de Podemos es corresponsable en gran medida. En Andalucia, además porque él mandaba en el partido morado cuando se produjo el 'divorcio' con Teresa Rodríguez y su sector.

Más aún: si las encuestas circulantes aciertan, no queda otra que concluir que buena parte del voto que cosecharon en su día Podemos y otras izquierdas en Andalucía, se habrían ido a Vox, en un trasvase de cabreados que habla bien de la capacidad de atracción del partido de Abascal y muy mal de Iglesias y los suyos para retener a los enfadados de aquel movimiento social que fue el 15M.

Con todo eso sobre la mesa, mucho le tiene que gustar la política a Yolanda Díaz para embarcarse en un proyecto nacional. Sobre todo si pretende hacerlo con una marca política que no para de hacer distancias de ella.

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