Cuentos Chinos

Hasta más ver compañero

26/12/2019

Parece mentira, pero casi sin darse cuenta, este año 2019 se nos marcha para dar paso a una nueva década que llega cargada de desafíos y con muchas cuentas pendientes. Empezó con ganas y con el reto de ser el año de la consolidación de nuestra economía, el regreso de estado del bienestar despedazado por la crisis y el de la tan necesaria estabilidad política nuestro país pero dice adiós con todas esas tareas inconclusas, como la Sagrada Familia o el ala norte de la Catedral de Las Palmas.

¿De qué sirve que instituciones internacionales valoren nuestro pasado si luego apenas se estudia en las aulas?

Pues sí, parece que está más cerca la finalización de esas obras que la formación de un proyecto de Gobierno que mande en este país durante cuatro años de forma estable ya que los partidos políticos no dejan de pelearse entre sí con el asunto catalán de telón de fondo. A los constitucionalistas no les hace nada de gracia el acercamiento de Sánchez al bando secesionista, pero no le queda otra al candidato para poder optar a una investidura que daría paso a una legislatura agónica, cargada de peleas y reproches, fiel reflejo de una España más desunida que nunca.

Pues en este escenario, el año 2019 se despide de todos nosotros con un desagradable y triste olor a humo, aquel que destrozó una parte importante de nuestro patrimonio natural como es el parque natural de Tamadaba y la zona cumbrera de Gran Canaria. Hubo muchas noticias que fueron portada, pero sin lugar a dudas, para todos los isleños la que más recordarán será la de los hidroaviones surcando nuestra bahía en busca de agua salada para poder sofocar las llamas que estaban arrasando con nuestro bien más preciado. Y todo ello en el año 2019, aquel en el que Risco Caído y las montañas sagradas de Gran Canaria recibieron el justo premio de ser reconocidas por la Unesco con el sello del patrimonio de la humanidad. Una distinción que no solo debe de quedar sobre el papel del político a la hora de sacar pecho, sino que debe de ser la herramienta perfecta para la conservación y conocimiento del extraordinario legado que dejaron nuestros antepasados aborígenes y que siempre ha sido ignorado por la mayoría y dignificado por otros tantos a los que ahora hay que dar las gracias. Además, este premio debe de venir acompañado por un cambio en el planteamiento educativo en nuestra comunidad, que apenas muestra y aporta de conocimientos a las nuevas generaciones sobre aquellos que poblaron por primera vez estas ocho islas afortunadas. ¿De qué sirve que instituciones internacionales valoren nuestro pasado prehispánico si luego apenas se estudia en las aulas? Ojalá que la nueva década ponga en valor la identidad de todos los canarios.