Lunes en África

Gestión de simulacros

05/11/2018

La distracción viene forzada por las urgencias del calendario. En el fragor de la batalla desatada entre el debate del presupuesto del Estado y el juicio a los promotores de la efímera independencia de Cataluña sigue sin conocerse un solo dato que aclare las cuentas. ¿Quién va a pagar la deuda de 77.500 millones de euros que la Generalitat no tiene intención de abonar?

Se esmeran los gobernantes en Madrid por afinar el argumentario. Beneficios para todos, con incrementos generosos de salarios, ajustes por arriba con las rentas más altas, una mano abierta a que el superávit municipal y autonómico se convierta en líquido estos meses previos a las elecciones locales, y otros caramelos similares se venden en las ferias de esta temporada.

Los continuados simulacros que tuercen la política española sitúan el eje de la polémica nacional entre las ruedas del proceso judicial ya maduro a los líderes del separatismo catalán y la urgente necesidad de apoyo a las cuentas de Pedro Sánchez. Sólo una mayoría estable permitirá que Europa soslaye las dudas sobre las garantías del crecimiento previsto, aunque la quiebra de la confianza en las instituciones comunitarias rebajan la capacidad de presión de Bruselas. Líos más grandes tienen ya con la fuga del Reino Unido o con el pulso fascista en Italia.

Los baños con agua de alcantarillas están de moda y añaden hedor a la gestión pública, pero los asuntos comunes se debaten sobre los libros de contabilidad. El silencio clandestino que aleja de los diarios la destartalada gestión de las deudas catalanas, sin nadie que asuma responsabilidades de pago, o de las otras, no da para cubrir las vergüenzas nacionales. Sin atender las obligaciones disfrutadas, no hay diálogo que valga. Las hipotecas no se pagan solas.