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Foto de archivo de las carpas habilitadas para acoge a inmigrantes en La Isleta. Juan Carlos Alonso
Marroquí no es igual a malo
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Marroquí no es igual a malo

Gaumet Florido

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 2 de julio 2024, 23:06

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'Vienen sin dinero, sin trabajo apalabrado, y no conocen a nadie. Son presa fácil de cualquier embaucador. A los pocos días se mueren de hambre, se sienten desilusionados (...). Por unos reales, por un pedazo de pan o por nada serían capaces de cualquier cosa. Los que tienen mujer e hijos, o una cierta edad, son más acomodaticios, recapacitan y toman las cosas con calma, pero los jóvenes, ¿me comprenden?, suelen adoptar actitudes violentas y antisociales. Se agrupan con otros de idéntica calaña y circunstancias, celebran reuniones en tugurios o a la intemperie, se discursean y exaltan entre sí. La delincuencia los aprovecha para sus fines: les engañan, les aturden y siembran falsas esperanzas en sus corazones. Un buen día cometen un crimen'.

No, aunque lo parezca, no es un análisis de lo que está pasando con un sector de los migrantes que llegan en patera a Canarias o al resto de España. Es un pasaje de la primera obra del escritor Eduardo Mendoza, 'La verdad sobre el caso Savolta', de 1975, y se corresponde con una reflexión que el autor puso en boca de uno de sus personajes, el comisario Vázquez.

Trataba de analizar el fenómeno del anarquismo en Barcelona y en este texto alude al supuesto uso que los teóricos de aquella ideología hacían de los inmigrantes llegados a la ciudad condal procedentes de los campos de labranza de media España.

Esta lectura, contextualizada en las primeras décadas del siglo XX, incide en una máxima: que la violencia en los migrantes no es producto de una procedencia concreta ni de un color de piel, como sostienen algunos. Es consecuencia de una mala gestión y una mala política migratoria, que, por cierto, creo que no pasa tampoco por levantar muros ni poner puertas al campo.

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