Gana el Estado

Ninguna generación viva en España había sentido el inmenso poder del Estado

Manuel Mederos
MANUEL MEDEROS

La pandemia está cambiando el poder geopolítico y lo hace a favor de los Estados, justo en el momento en el que la globalización caminaba en sentido contrario. Thomas Friedman y su «La tierra plana», se convirtió, hace diez años, en el texto de referencia para describir el nuevo escenario en el que se movía el mundo. Los estados se replegaban frente al fenómeno de la globalización y amenazaban con acabar con las fronteras.

La pandemia ha dejado en evidencia, por un lado la fortaleza de los Estados, que poníamos en duda, y, por otro, la debilidad del multilateralismo que ha fallado estrepitosamente ante la nueva realidad de la Covid-19. Las organizaciones internacionales, desde la ONU, incapaz de emitir un sólo acuerdo sobre la pandemia, a la desprestigiada OMS, pasando por el G20, han logrado articular una respuesta a la pandemia ni a la crisis económica posterior. Ni siquiera se ha logrado consensuar un sistema único de recuento de contagiados y fallecidos.

La respuesta ha quedado, exclusivamente, en manos de los Estados. Han sido capaces de movilizar con rapidez los inmensos recursos necesarios para hacer frente a la pandemia y la crisis económica posterior. Los Estados cuentan con una inmensa y entrenada burocracia y el control de la legislación. Tienen poder duro: gendarmes, policías y ejércitos. Y tienen poder blando: medios de comunicación y de propaganda. Si lo pensamos bien, ninguna generación viva en España había sentido, como en la pandemia, el inmenso poder del Estado. Poderes como el estado alarma y otros similares, excepcionales o extraordinarios, han dado más margen de acción a los poderes públicos, a lo que hay que añadir los sistemas informáticos de control de las personas.

La crisis económica, que ya nos come a todos, augura un paso más en el fortalecimiento de los Estados. Caminamos hacia una economía más estatalizada, con mayor intervención y control, con una gran deuda pública a su disposición, posibles nacionalizaciones de empresas estratégicas, mayor fiscalidad y una renta universal. Porcentajes crecientes de la población acabarán en la nómina del Estado. Será el Estado, y no el mercado, el gran redistribuidor de la renta nacional.

Ahora bien, ¿quién podía y tenía los medios para afrontar el reto de esta gran pandemia? Sin duda los Estados, que se convierten en los garantes de la salud, seguridad y sostenimiento de los ciudadanos. La pandemia ha consolidado los Estados democráticos pero con retrocesos en las libertades frente a ciudadanos desconcertados y desprotegidos. Se impone el recelo y la alerta ante esta tendencia que se adivina inevitable.