Un momento de la inauguración del último Congreso Internacional Galdosiano, en 2017. / EFE

Galdós

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Todavía me produce cierta vergüenza cuando se me viene a la mente aquella escena. Estudiaba entonces en Madrid, en la Universidad Complutense, y el profesor de una asignatura optativa nos echó en cara, muy enfadado, que hubiéramos osado elegir su materia cuando no nos habíamos leído 'Miau'.

Les confieso que ni había oído hablar de ella. Ni sabía que era de Galdós. Pero es que tampoco me había leído nada del más insigne escritor canario de todos los tiempos y uno de los más importantes de la historia de España. Ni yo me animé a leerlo ni formó parte de mis contenidos curriculares. En mi instituto se centraron en la literatura sudamericana.

Sin embargo, sí tenía bien viva aquella infamia que me recordaban en casa, y que me creí a pies juntillas durante años, de que se había sacudido el polvo de sus zapatos cuando dejó la isla para no llevarse de Canarias ni siquiera el recuerdo. Esto segundo es el fruto de una manipulación torticera de aquella dictadura tosca y mojigata que precedió a la democracia, tan enemiga del Galdós republicano y anticlerical.

Y lo primero, la casi ausencia del escritor grancanario en el bachillerato de mi etapa, es fruto de una inercia hoy, entiendo, felizmente superada. Lo cierto es que cosas como ésta explican por qué durante años Galdós fue más estudiado y reconocido fuera que dentro de España, particularmente en Estados Unidos.

Y explican también que de los 115 ponentes del XII Congreso Internacional Galdosiano, que se celebra la semana que viene en la isla, 39 sigan siendo extranjeros. Por fortuna, y como prueba de que Galdós ya venció a la leyenda negra que le inventaron, de los 76 españoles que participan en el seminario, 26 son canarios. En 1973, su primera edición, la presencia patria era mínima.