Frida Kahlo y su óleo 'Gando en huelga'

Dieciocho meses de zozobra turística. Dieciocho meses de inactividad económica. Dieciocho meses de incertidumbre laboral. Dieciocho meses de angustias personales y familiares

David Morales
DAVID MORALES Las Palmas de Gran Canaria

Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón. Frida Kahlo. Pintora mexicana. Icono pop de la cultura. Autora de unas 150 obras, principalmente autorretratos de tendencia surrealista. «No pinto sueños, sino mi propia vida», dicen que solía explicar.

Dieciocho meses de zozobra turística. Dieciocho meses de inactividad económica. Dieciocho meses de incertidumbre laboral. Dieciocho meses de angustias personales y familiares. Dieciocho meses de ruegos - y rezos - individuales y colectivos; sanitarios y sociales; empresariales e institucionales. Dieciocho meses anhelando la vuelta estable y segura de nuestros turistas. Dieciocho meses de pesadilla. Y la primera en la frente. O en la auto-frente, mejor dicho, si hablamos de autorretratos colectivos…surrealistas.

Me refiero a las jornadas de huelga que, salvo milagro de nuestra celebrada Virgen del Pino, se suceden en el aeropuerto de Gran Canaria [el paro de ayer se suspendió y el martes se retoma la negociación]. Con la plantilla de la empresa Groundforce en servicios mínimos -y ralentizados- respecto a los servicios de 'handling' (asistencia al pasajero -procesos de facturación, entrega de equipajes, desembarco de pasajeros, etc.), como protesta ante supuestos incumplimientos laborales de dicha empresa.

Como si nada hubiera pasado. Como si la pandemia y sus terribles consecuencias sociales y económicas no fuera con los particulares modos de ejecutar su claro que derecho de huelga y reivindicación laboral. Como si en Canarias no estuviéramos por encima de los 300.000 parados, entre desempleados y trabajadores en ERTE. Porque hoy, de nuevo, le 'toca' a Gran Canaria en su aeropuerto. Pero luego ocurrirá lo mismo en Tenerife. O en Lanzarote. O en Fuerteventura….

Las (supuestas) manifestaciones e informaciones relativas a que algún que otro representante del comité de empresa de los trabajadores de Groundforce dice «no sentirse responsable de los daños que esta movilización pueda causar en un momento de despegue turístico», sí que lo dice todo.

Sepan ustedes, amables lectores, que esos 'daños' -ya sufridos directamente en sus propias carnes por más de ¡20.000 pasajeros! en la última semana (e, indirectamente, por toda la ciudadanía de Gran Canaria)- los podemos clasificar en dos tipos.

De una parte, los daños 'laterales'. Que son los que ustedes y yo alguna vez hemos vivido en primera persona, cuando, como consecuencia de este tipo de protesta laboral, tu vuelo no sale a la hora prevista (o, incluso, deja de salir y te quedas tirado una noche en el aeropuerto); cuando tu proceso de facturación pasa, de durar de los no más de cinco minutos, a los veinticinco («el sistema va lento»); cuando te retienen -tal cual- dentro del avión más de una hora después del aterrizaje; cuando pierdes una conexión de vuelo necesaria para llegar a una consulta médica de vida o muerte; o cuando tu maleta tarda más en salir por la cinta de equipajes que lo que duró el propio vuelo. Si es que sale, claro.

Con especial afección, esta última aberración de diligencia en el servicio al pasajero, cuando el /la que espera por la maleta no sólo espera por unas cholas, un bañador o un pareo. Sino cuando quien espera es la madre de un bebé que necesita de ropita, alimentación o el carrito para el mismo. Cuando quien espera es una persona con movilidad reducida que necesita de su silla de ruedas o de los elementos que configuran totalmente la misma, y que no ha podido facturar «por motivos de seguridad». O cuando quien espera es una persona anciana que requiere de su medicación pautada para cada equis número de horas.

Y, de otra parte, los otros daños, los 'colaterales'. Cual símil bélico o militar. Que en el caso que nos ocupa de esta primera -para mí, indignante- huelga post-pandemia en «Gando», se refieren al desprestigio de la marca de nuestro destino turístico. Porque imaginen al turista deseoso de volver a la isla, a las islas, tras todos estos meses duros de la Covid; asumiendo gustosamente la exigencia de tener que hacerse y costearse un test PCR o de antígenos; gestionando los trámites sanitarios y burocráticos relativos a su pasaporte sanitario; etc. Para que, finalmente, cuando, por fin, toca con la punta de los dedos sus soñadas vacaciones en Gran Canaria, o en Canarias, la mejor bienvenida o despedida que le damos es la de los ya referidos 'daños laterales'.

Olvidan algunos de esos representantes sindicales -que reitero dicen no sentirse responsables de lo que esta huelga afecte a los viajeros y a la isla- que «sin maletas no tienen ni tendrán trabajo». Dura experiencia laboral que ya han vivido, y hemos vivido, durante la pandemia. La cual sigue campando, aunque debilitada, entre nosotros. Y muy especialmente olvidan que, actualmente, la flexibilidad de las aerolíneas respecto a cambios de billetes y de destinos es a-b-s-o-l-u-t-a. Como lo es, ahora, la mentalidad del nuevo viajero. Porque la playa, para un turista ansioso de libertad, sabe igual en Maspalomas que en Sotavento.

Con una próxima temporada de otoño-invierno que promete ser esperanzadora, con niveles de ocupación de entre el 70 y el 80% de ocupación, y con una estimación del más del 90% de la planta alojativa turística del archipiélago de nuevo con las puertas abiertas, que Dios nos coja confesados si nuestros mercados emisores nos ponen en la lista roja por esta nueva singular cepa de la sindicodemia. Sol y playa, congresos, cruceros, turismo rural, deportivo, … Nos necesitan y anhelan, pero con plenas garantías de servicio, sin trastornos e incomodidades de ningún tipo. Más allá de la mascarilla.

No se trata de ir contra el derecho constitucional de huelga y de reivindicaciones laborales. Pero sí contra los modos y maneras. Porque por encima del derecho a la huelga de unos pocos, está el derecho a un futuro para todas las grancanarias y grancanarios. Y, por extensión, para todas las canarias y canarios.

Por supuesto que hay otras vías, alternativas y salidas para resolver 'el conflicto laboral'. Como acudir, antes que nada, a la Inspección de Trabajo y denunciar posibles supuestas irregularidades laborales en la gestión empresarial. Pero no la del camino, no a Teror, sino el de este nuevo secuestro de Gran Canaria, ante el que ya están tardando las distintas administraciones públicas en intervenir inmediata y contundentemente al nivel institucional -o jurisdiccional- que corresponda.

Antes de manejar el término 'estado de alarma' por motivo de la pandemia, recordemos que el Gobierno de España ya aplicó dicha figura jurídica en diciembre de 2010, con motivo de aquella inesperada huelga de controladores aéreos. Único precedente de un régimen excepcional, recogido en la Constitución y en la Ley Orgánica 4/81 que se emplea ante «circunstancias extraordinarias» que hacen «imposible el mantenimiento de la normalidad mediante los poderes ordinarios».

Un aeropuerto es una instalación estratégica -más aún para unas islas- que debe siempre funcionar con normalidad (salvo afección por fenómenos de la naturaleza o imprevistos técnicos). Y todo lo contrario a tal descripción funcional, se convierte en un cuadro surrealista.

¿Realmente pintó Frida Kahlo un óleo de título, 'Gando en huelga'? No. Pero sí 'El avionazo', inspirada en un accidente aéreo real que le sirvió para metaforizar parte de su tragedia vital y amorosa. Aunque extendiendo la influencia cultural de Kahlo, de igual forma, bien se podría pintar un cuadro de la surrealista huelga en nuestro aeropuerto. Bien pudiéramos readaptar la lapidaria frase de la artista mexicana. Aquella que ahora vendría a expresar algo así como «Maletas, ¿para qué os quiero si no tengo alas para volar?».