Ambiente en la Puerta del Sol la noche en la que dejó de estar enn vigor el estado de alarma. / EFE

Un fracaso social

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Resulta desalentador comprobar hasta qué punto hay gente que no tiene conciencia social, que no tiene en cuenta que sus actos pueden perjudicar a aquellos con los que conviven. Eso es justo lo que desprende el comportamiento de todas esas personas que estos días atrás se lanzaron a la calle a celebrar el levantamiento del estado de alarma, como si no hubiera un mañana y sin cumplir las mínimas normas sanitarias para evitar el contagio de la covid-19.

Es verdad que a todos nos pesa el agotamiento pandémico y que tenemos ganas de dejar atrás las mascarillas y la distancia social, pero somos mayorcitos para saber que en la vida uno no siempre puede, o no debe, hacer lo que le venga en gana. Con cada baile, con cada abrazo o con cada copa compartida, todos aquellos faltaban al respeto a los miles de muertos que se han quedado en el camino, a los miles de trabajadores que la covid mandó al paro y a los miles de sanitarios que se desviven por salvarnos de las garras del bicho.

Y lo triste, una vez más, es la constatación de la creciente infantilización de la sociedad en la que vivimos, una colectividad carente de valores que precisa de un tutelaje legal aderezado de sanciones para que al menos les duela y causen algún efecto. Y lo que más me chirría es que muchos de esos alegaran que festejaban la libertad. ¡Qué manera más cruel de vaciar de contenido un derecho tan sagrado, de pisotear y ridiculizar hasta la caricatura más grotesca el bagaje histórico de luchas individuales y colectivas a lo largo de siglos! Con estos mimbres, más pronto que tarde mucha gente pedirá a gritos otra ración de estados de alarma. Ojalá me equivoque. Solo espero que, llegado el caso, el Gobierno central no escurra el bulto. Como ahora.