Jaula y arco iris

Feminismo, un Gobierno sin medalla

06/06/2018

No soy de los que se alegran de los errores cometidos por los gobiernos, sean estos del color que sean. Máxime cuando sus aciertos y meteduras de pata nos afectan a los ciudadanos y las ciudadanas, sea a la hora de llevar una ley para su debate y aprobación en el Parlamento, de elaborar las cuentas públicas de una institución local, estatal o autonómica, o de tomar decisiones que afecten al funcionamiento de la sanidad, la educación o los servicios sociales. Sé que hay gente que teoriza sobre la oportunidad de entre peor, mejor y que parece que disfruta con esas circunstancias, aunque ellas generen enormes daños políticos y sociales. No lo comparto.

Incluso cuando llegó a la alcaldía de mi ciudad un político conservador y con un talante muy autoritario, hacia el que no tenía la menor simpatía, deseé que acertara en su gestión del municipio más poblado del Archipiélago, pensando exclusivamente en el interés de los ciudadanos y ciudadanas de Las Palmas de Gran Canaria. Fue una amplia mayoría ciudadana quien lo situó en semejante responsabilidad, animada probablemente por el desastre de un anterior mandato, el de los años 1991-1995, marcado por la inestabilidad, las permanentes conspiraciones y deslealtades; así como el invento del time sharing en la alcaldía. Y, por supuesto, que me merecía el máximo respeto la decisión ciudadana en las urnas.

Y, asimismo, doce años después, le expresé personalmente a Paulino Rivero, en la sala de espera del aeropuerto de Gran Canaria, que esperaba que su Presidencia fuera un éxito, por el bien de la Comunidad Canaria y de su gente, en el verano del 2007, horas antes de someterse a la sesión de investidura que le llevaría a formar gobierno justo, casualidad, con José Manuel Soria en la Vicepresidencia; un tándem que, por cierto, no funcionaría.

Reconozco que me alegró que el presidente del Gobierno de Canarias otorgara, entre otras relevantes personas e instituciones, la medalla de Oro de Canarias 2018 al movimiento feminista de las Islas. Aunque algunas mujeres me cuestionaron inmediatamente que, al margen del mayor o menor oportunismo del Ejecutivo, la decisión ofrecía algunos problema de difícil resolución: ¿quién la recogería? ¿una u otra organización del plural feminismo de hoy? ¿alguna de las figuras relevantes del feminismo en las últimas cuatro décadas?

Mal asesorado. Tengo la impresión de que el titular del Ejecutivo estuvo muy mal asesorado. ¿Se le hubiese ocurrido entregar un reconocimiento al movimiento obrero, al ecologista, al vecinal? ¿Sin concretarlo en un sindicato o en un dirigente, hombre o mujer, de dilatada trayectoria en cualquiera de esos ámbitos sociales? ¿Se le hubiese pasado por la cabeza realizar un gubernamental reconocimiento a la literatura canaria, a nuestro fútbol o a nuestra artesanía?

Supongo que animado por el éxito de la movilización del pasado 8 de marzo, del tsunami violeta que llenó nuestras calles y plazas, el Gobierno canario vio la oportunidad de reconocer a uno de los movimientos que más está influyendo en la sociedad y en la agenda mediática en el período reciente. Puede parecer que su actitud resultara ventajista, pero aún así, me parece positivo que se reconozca una tarea, la de las mujeres feministas, tantas veces silenciada cuando no abiertamente menospreciada.

Considero que hubiese sido positivo que en el acto institucional fuera efectivamente entregada la medalla de Oro de Canarias como reconocimiento del conjunto de la sociedad canaria a quienes, personas o colectivos, han contribuido a denunciar la discriminación que padecen las mujeres y a plantear propuestas que permitan avanzar hacia la igualdad.

La solución era realmente sencilla y no entiendo cómo no se le ocurrió a ninguna de las personas que forman parte de su grupo de asesores más directos y que, quiero suponer, fueron consultadas a la hora de seleccionar y decidir el conjunto de las condecoraciones a entregar en el acto institucional del 30 de Mayo, Día de Canarias. Junto a los premios Canarias, otorgados por los respectivos jurados, en este caso al escritor Ángel Sánchez Rivero (Literatura), al grupo de música canario Los Gofiones (Cultura popular), y al jugador de baloncesto Sergio Rodríguez El Chacho, en la modalidad de Deportes. Y, si a los asesores y asesoras áulicos no les sonaba lo suficientemente el tema en cuestión, que puede que fuera así, se podía haber consultado a la directora del Instituto Canario de Igualdad, Claudina Morales, que, estoy convencido, conoce en profundidad la historia y la realidad actual del movimiento feminista de las Islas, así como los grupos y mujeres más relevantes en ese espacio social, en el pasado y ahora.

«La solución era realmente sencilla y no entiendo cómo no se le ocurrió a ninguna de las personas que forman parte de su grupo de asesores más directos»

Coordinadora. Me refiero, me lo han comentado varias feministas, a algo tan sencillo como otorgar la medalla de Oro de Canarias a alguno de los grupos que impulsaron al movimiento en el Archipiélago, como la Coordinadora Feminista que fue, en su momento, en los años ochenta, la expresión organizativa más unitaria. O, incluso, a alguna de sus expresiones locales, que también desarrollaron una intensa actividad, como el colectivo Isadora Duncan (Telde), uno de los de más larga trayectoria, o la Asociación Social y Cultural Mararía, en la isla de Lanzarote.

Asimismo, destacan que habría resuelto el entuerto una personalización del reconocimiento en alguna o varias de las mujeres que son consideradas las pioneras del feminismo en las Islas. Asunción González de Chávez, Chari Armas Fernández, Montserrat González Lugo, Isabel Suárez Manrique de Lara o Mari Ángeles Arbona Illada, por citar algunas de las que tienen mucho que ver con el nacimiento y desarrollo del feminismo en las Islas.

Ha sido, en mi opinión, una oportunidad perdida. Nadie fue a recoger la medalla en el solemne acto institucional en el que sobresalió el discurso de Ángel Sánchez; precisa su defensa de una Canarias con una «mirada no complaciente ni autosatisfecha, sino autocrítica e inquisitiva» en todos los ámbitos. Ya no tiene remedio alguno. Es irreversible. Pero no lo es el que las políticas que se impulsan desde el Gobierno de Canarias estén impregnadas de ideas y prácticas dirigidas a la auténtica igualdad entre mujeres y hombres. Y ahí, también, el Ejecutivo de Clavijo tiene que rectificar y realizar un esfuerzo mucho mayor. Sin ponerse medallas.