Fatiga pandémica

El estrés hace mella en los ciudadanos y comienza a cambiar la receptividad

Manuel Mederos
MANUEL MEDEROS

Tras ocho meses de pandemia, enfrentados al virus, hemos tenido que abordar cambios radicales en nuestras vidas. Estamos viviendo momentos históricos, inmersos en incertidumbres, desconfianzas y miedos, que inciden sobre nuestros comportamientos sociales. Se nos exigen cambios drásticos en nuestras prácticas de vida y restricciones de nuestras libertades fundamentales. Vivimos con el miedo al contagio y nos enfrentamos cada día al desconcierto y a sobre el futuro, sin que las respuestas, que consideramos de confianza al inicio de la crisis, la de las instituciones, ahora lo sean.

Ya estamos cansados. El estrés hace mella en los ciudadanos y comienza a cambiar la receptividad que produjo el miedo inicial para tornarse en desesperación.

La falta de entendimiento de los políticos al frente de las instituciones confirma su mala prensa, pero también defraudan las expectativas de los ciudadanos, merma su seguridad y los lleva a sentirse solos ante un peligro que escapa a su control y al de las estructuras en las que han confiado para desarrollar sus vidas.

Al inicio de la pandemia los mensajes de las autoridades eran creíbles y efectivos, pero ahora son percibidos como pura cacofonía que no calan en la voluntad de los ciudadanos. Da la impresión de que asistimos a un aquelarre en la toma de decisiones de 17 autonomías y de países de todo el mundo, sin que sean efectivas.

Esa diversidad de medidas y mensajes contradictorios en todo el mundo, el cansancio y la falta de resultados ha llevado a gran parte de la sociedad al hastío y a dudar de la autoridad.

El virus nos ha sometido a un estrés indescriptible y amenaza con acabar con la salud social y mental de millones de personas. Después de ocho meses, protegerse del virus e informarse sobre la pandemia genera desesperación, cansancio, desesperanza, desmotivación, apatía y cierto grado de rebeldía que comienza a expresarse en las calles.

La Organización Mundial de la Salud ha admitido un nuevo parámetro de medición de los efectos de la covid-19, el de la «fatiga pandémica», con el que trata de medir el cansancio de los ciudadanos. Según esta institución, en Europa ya lo padece el 60% de la población y sus efectos están por evaluar, pero cuanto más dura una situación de estrés, la sensación de cansancio y las ganas de querer hacer otra cosa es mayor, poniendo en peligro, aún más, a los que sí seguimos tomando en serio las recomendaciones de las autoridades sanitarias.