Juan Carlos Alonso

La fábrica de La Isleta

El último ejemplo de arquitectura industrial de gran porte en el Puerto, Racsa, puede desaparecer

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Conmemoramos este año el centenario de la muerte de Tomás Morales, ese insigne poeta grancanario que fuera precursor del modernismo en España y que tan certeramente cantó y retrató el cosmopolitismo que anidó y arraigó en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria gracias al Puerto de La Luz, al que llegaron pabellones de todas las banderas y abrió el tránsito de la capital hacia la modernidad.

Coincidiendo con este centenario se ha estrenado estos días, dentro del ciclo 'Música y Literatura', el espectáculo 'Luz del Puerto', un montaje que nos permite, de la mano del poeta, transitar por aquellas calles que no necesitaron asomarse al mundo «porque el mundo entero estaba ante sus ojos», en el que participan Yeray Rodríguez, su autor, y las actrices Marta Viera y Ruth González, con música de Belén Doreste y Mario Vega como director,

Y coincidiendo también con este centenario el Foro por La Isleta, una organización que aglutina a diferentes asociaciones culturales, deportivas y vecinales del barrio, ha redoblado su empeño por recuperar la antigua fábrica de aceite Racsa, un lugar estratégico dentro de la trama urbana de la zona y último ejemplo de arquitectura industrial de gran porte que existe en el entorno. Obra racionalista de la época tardía del modernismo, expresión social de la filosofía Bauhaus, es un hito urbano y arquitectónico, hoy en peligro de demolición.

El mismo peligro que acechó a los edificios Elder y Miller, que gracias a la contestación ciudadana pudieron salvarse en favor de la memoria de la ciudad, que en el Puerto de La Luz nació por segunda vez. Y ahí siguen enseñando su estampa de un tiempo que dio esplendor a la urbe, además de ser polos de actividad recreativa, cultural y social. Lo mismo que se pretende para el ahora en desuso edificio que acogiera la factoría Racsa, habitable con ligeros retoques, e idóneo para convertirlo en una industria cultural y recreativa, como ya ha ocurrido en otras ciudades españolas con instalaciones similares, ahí están La Tabacalera y el Matadero de Madrid, el Centro Abierto Hangar en Barcelona, La Alhóndiga de Bilbao o la Tabakalera de San Sebastián.

Si 'el Puerto es lo primero', como proclamaban los ilustres cronistas de antaño, sabedores de su importancia para la vida insular atrayendo hasta aquí a gentes de todos los lugares, evitar que sigan desapareciendo los pocos referentes que ya nos quedan de lo que fue es una tarea que nos ha de comprometer para alimentar el arraigo y desterrar la despersonalización.