500 euros por un diputado

Ronald Ramírez Alemán
RONALD RAMÍREZ ALEMÁN

Lo querían fuera, y fuera está. ¿Qué pintaba ese larguirucho de las greñas en el Parlamento? Un comunista de lengua afilada al que, por falta de argumentos, solo le podían acallar sus monsergas de defensor del pueblo a base de desprecios por su look perroflautero. El 'rastas', como lo llaman, molestaba y había que cargárselo. Aunque para ello hubiese que crear jurisprudencia.

Porque la retirada del acta de diputado a Alberto Rodríguez carece de antecedentes que se le parezcan. Normal. Si ya chirriaba y volvía a poner en duda nuestra justicia su condena por la supuesta patada a un policía en una manifestación, agresión solo corroborada por el propio agente implicado y de la que no hay imágenes (casualmente, en las grabaciones del lugar del incidente ni siquiera aparece el político canario), las consecuencias de la misma confirman toda sospecha.

Y si no, ¿cómo se justifica que una denuncia de hace más de siete años por un golpe no probado, y que ha tenido como castigo una condena de mes y medio de prisión (sustituida por una multa de 540 euros), pueda provocar que una persona elegida en las urnas pierda su condición de diputado? Y más cuando esta decisión se apoya en la pena accesoria de la condena -ya pagada- que habla de inhabilitación para el derecho de sufragio pasivo, pero no para alguien, como es su caso, que ya había sido elegido antes.

Aquí, ni división de poderes ni leches. El Congreso trató de evitar la tropelía, pero la justicia dictó sentencia. Además de una pena desproporcionada para una agresión sin testigos, el Tribunal Supremo deja al pueblo sin un representante público por una condena de 500 euros.