Papiroflexia

Bochorno en la campaña electoral

16/05/2019

La política debería ser algo serio, pues el futuro de todos está en juego. Abogados, economistas, altos funcionarios, politólogos... Profesionales con una trayectoria contrastada y especialistas en su materia que aporten cualificación a la cartera que se les encomienda. Sin embargo, con la fugacidad de las redes y la frugalidad de las promesas, el votante se ha vuelto un descreído de los programas electorales y muchos han renunciado a las marcas de partidos, obsoletas o corrompidas.

Por lo que en un momento en el que se espectaculariza todo, que el recuerdo es vacuo y nos dejamos impresionar por fuegos de artificio sin rascar el contenido, los candidatos hacen de todo para llamar la atención. O bien prometen la luna, como sueltan cualquier barbaridad para contentar a su nicho electoral o se entregan a acciones que rozan el bochorno. Y tenemos muchos ejemplos cercanos.

«O bien prometen la luna, sueltan cualquier barbaridad o se entregan a acciones que rozan el bochorno»

Nardy Barrios, candidata a la alcaldía de la capital grancanaria, ha convertido su campaña en un teatrillo surrealista, el popular propuesto a la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife, Guillermo Díaz Guerra, despreció a migrates y grancanarios para ganarse a su electorado para luego desdecirse; Carlos Alonso, presidente del cabildo tinerfeño, se puso la bufanda para celebrar el triunfo en el derbi de un Tenerife a un paso del abismo; y otros recitan poemas subidos a un columpio infantil, se tiran al agua o juegan a las compras con chaquetas de diferentes colores. Vale todo, desde lanzarse en parapente, insultar al vecino avivando el rancio pleito insular, cuestionar los derechos de los migrantes, exhibir a viejas leyendas con dudoso pasado político (Da grima ver a Rajoy posando con adolescentes carpeteras en Triana) o hacer el payaso para viralizarse en Internet. Que me perdonen los payasos.

El actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un buen ejemplo para demostrar que votar a un friki cegados por su puesta en escena de purpurina o como protesta antisistema, puede salir muy caro. A Trump lo hemos visto antes de asaltar la Casa Blanca haciendo cameos en películas, participando en combates de lucha libre, rodeado de modelos como propietario del certamen de Miss Universo... Es como si en España hubiésemos votado a Bertín Osborne de presidente del gobierno. El éxito del cuñadismo.

Sin embargo, anestesiados con los debates a gritos y los desternillantes memes, pocos se han leído sus programas ni recuerdan sus promesas electorales. Y no se olviden, lo que nos jugamos el próximo 26 de mayo es nuestro futuro.