Escenario global

Razón de más para que los organismos internacionales se movilicen para acabar con esta guerra

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

La primera ministra británica, Liz Truss, ha tenido que dar marcha atrás en buena parte de su paquete de medidas fiscales. Los mercados la estaban presionando, la libra estaba perdiendo valor y los organismos económicos internacionales ya advertían de que las cuentas no cuadraban, pues si se aflojaba en extremo la presión fiscal con el argumento de estimular el crecimiento, lo que iba a ser imposible era cuadrar el mantenimiento del gasto y el sostenimiento de la deuda pública.

Agobiada por esas presiones y con la popularidad cotizando a la baja en un país que empieza a ver las consecuencias del 'brexit', Truss ha dado orden de frenar en seco. Sabe a ciencia cierta, porque no tiene más que preguntárselo a sus antecesores, que la política se ha convertido en una máquina de hacer picadillo, con una velocidad para destrozar a cualquiera que no se había dado hasta hace un par de años. Y con una ferocidad todavía mayor cuando se mezcla con condicionantes económicos.

Lo que también vemos es que, tras la pandemia, todo ha cambiado y las recetas económicas y políticas de antaño no dan los resultados de otros tiempos. Ante una inflación galopante, se recurría a subir los tipos de interés y se atajaba así la espiral de los precios, pero ya dos y dos no son siempre cuatro en una economía globalizada. Más aún: tenemos factores que no entraban en la ecuación desde hace más de medio siglo, como es un conflicto bélico de gran calado en el Viejo Continente, con una de las grandes potencias mundiales metidas en el fregado, y eso tiene efectos directos y contundentes sobre la economía. La guerra en Ucrania tiene una dimensión internacional que supera, y con diferencia, a lo que fue el conflicto de los Balcanes. Y la posibilidad de que Ucrania se convierta durante un tiempo prolongado en una especie de Siria obliga a preguntarnos no sólo cuánto aguantarán los ciudadanos de aquel país, sino qué capacidad de resistencia tiene Europa en su conjunto ante esas consecuencias económicas.

Razón de más para que los organismos internacionales se movilicen y redoblen esfuerzos para acabar con esta guerra. Lo digo mirando a Naciones Unidas, la Comisión Europea, el G7 y el G20. Si continúan instalados en su aparente pasividad, habrá que dar la razón a los que ya teorizan sobre el hecho de que esta guerra empobrece a muchos pero hace ricos a otros: industria armamentística, productores de gas, los dueños del negocio marítimo mundial...