Opinión

Es cuestión de familia

23/07/2018

Acudir a autores como George Orwell es como hacerlo con la frecuencia del amigo con el que te vas a tomar algo. Esa influencia crítica de cabecera que siempre tienes a mano porque dice verdades como puños. Orwell te dice en política y en teoría del poder lo que el amigo te diría el sábado por la noche entre vinos sobre la insignificancia de tus preocupaciones laborales con las que te ahogas en un vaso de agua o te motiva a su manera por qué esa chica que tanto te gusta en realidad le gusta otro. El creador de 1984 o Rebelión en la granja (lecturas imprescindibles, anótelas para el verano) es capaz de retratarte en un santiamén cómo todos aquellos que se llenan la boca con mensajes de renovación luego hacen lo mismo que aquellos a los que sucedieron: acaparar a toda costa el poder para su beneficio. Como si fuera un mal endémico o un pecado inescindible a nuestra naturaleza con independencia de que lo haga la izquierda, la derecha, los nacionalistas o los defensores de los osos polares.

«Una familia tan solo se sucede en sus miembros por cada generación»

Una familia no puede renovarse a sí misma, si acaso se separa. Una familia tan solo se sucede en sus miembros por cada generación. Por eso cuando observas las portadas de los periódicos de tirada nacional de ayer con las fotos respectivas de Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado posando con exministros de Mariano Rajoy, concluyes enseguida que podrían autodestruirse. Puede haber una pugna entre aparato y militancia, en este país ya hemos conocido alguna, pero no una protagonizada entre el mismo aparato a modo de guerra civil que luego se pueda recomponer sobre la marcha; eso de aquí no ha pasado nada y pelillos a la mar. El PP está justo ahora en ese dilema de familia que puede acabar de buenas maneras o bien como una tragedia griega que al final paguen todos. Ellos, unos y otros, los dos bandos por así decirlo, lo saben. Pero el apetito del poder puede más que la confluencia.

Orwell se tomaría la disputa del PP a modo de comedia. ¿Cómo es que la aspirante que obtiene más respaldo de los inscritos es luego desplazada por los compromisarios en un cónclave más reducido? Eso es un choque de legitimidades en toda regla. Y si concurre esta división conllevará un alto precio cuando retorne la normalidad de la agenda política. De ser así, de producirse esa disfunción en caso de que gane Casado, Rajoy deberá recapacitar sobre su salida del Gobierno y cómo ha dejado a su organización.

Una familia diezmada bajo el cántico de una aparente renovación. Aunque si se deja llevar por la inacción que tuvo en La Moncloa ante grandes temas (pensemos en Cataluña) pronto le restará importancia y estará a otra cosa. No tendrá problema en conciliar la siesta.