Opinión

«Entre Coca-Cola y Pepsi, Clipper»

11/11/2019

Ana Oramas se subió a una tarima enmoquetada y lo primero que leyó de un discurso que traía preparado y ensayado fue: «Estas elecciones nunca debieron celebrarse»; el vocablo «nunca» salió dañado de tan tildado con que fue pronunciado.

A su alrededor, se ausentó la jarana con la que fue recibida hace siete meses, cuando los dos escaños a los que casi nadie había llamado se presentaron sin avisar. Así consiguieron reverdecer a una Coalición Canaria que había atravesado la campaña «más difícil» de su historia.

También ésta última fue «muy difícil», se volvió a quejar la diputada renovada, porque los nacionalistas también se sienten ninguneados por los medios de comunicación de la capital. Como el 28 de abril, la espiral de Cataluña se come todo lo que está alrededor, e igual que entonces, se ven como un «Clipper de fresa entre una Coca-Cola y una Pepsi», como muy atinadamente ilustró Fernando Clavijo, que pudo pasearse como senador autonómico al que un voto más, un voto menos le supone tanto como una raya a una cebra.

Los quejíos no difieren prácticamente en nada respecto de la noche del 28 de abril, justo en contraria proporción a la alegría con la que los nacionalistas vivieron los resultados aquella vez; la de ayer, fue una emoción mucho más adusta.

El tono empleado por Ana Oramas en su intervención fue como el de una madre que riñe a su hijo por no hacerle caso. «La sociedad española no quería estas elecciones -aseveró-. Su mandato fue claro: negocien y ahora han vuelto a decir lo mismo, pero han castigado a quien puso la estrategia por encima del interés general», acusó. Solo le faltó añadir un «¡te lo dije!».

Fue evidente que la fiesta de la democracia, con que se rebautizan cada una de las jornadas electorales vividas, no estaba siendo sentida por Coalición con gracia alguna. Ya ni siquiera se echa en falta a la militancia que siempre da vida a las sedes, mientras sus dirigentes se encierran en la sala de máquinas. Pese a ello, las «bases» fueron las únicas que escaparon a la regañina de Oramas.