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Por la boca muere el pez, Señora Oramas

Bardinia

Por la boca muere el pez, Señora Oramas

Martes, 6 de febrero 2024, 08:37

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Cavilaba el lunes por la noche sobre qué escribir para este martes, cuando, de repente, me llegó un wasap con un vídeo en el que aparecía, entre otras personas, la política tinerfeña Ana Oramas, ahora mismo diputada y vicepresidenta del Parlamento de Canarias, en una mesa redonda celebrada el 31 de enero, hace 6 días. El discurso de la Señora Oramas es para enmarcar. Con su breve pero contundente respuesta creyó echar balones fuera y culpar a otros y otras, pero el lenguaje es muy peligroso, sobre todo cuando se combina con hechos comprobados y fácilmente constatables durante décadas. Si no se tienen claros los conceptos, hablar sin tino es un cuchillo que corta por ambos lados. Pocas veces he visto cómo alguien se retrata de manera tan palmaria, y de paso arrastra a la formación política a la que pertenece. Vuelvo al refranero: por la boca muere el pez.

Por lo visto y escuchado en el vídeo y luego comprobado en los medios, alguien le preguntó cuál era la principal amenaza que pesaba sobre el nacionalismo, y como había tomado nota sobre lo dicho por un compañero de mesa, el filólogo y antropólogo José Miguel Martín (quien, por formación y labor investigadora, toca con partitura) la diputada arrastró de as de bastos y empezó a lanzar mandobles a diestro y siniestro, a lo primero que pillara, y casi siempre suele ser muy socorrido cargar contra el profesorado que ejerce en Canarias, que aunque aquí los toros están prohibidos, es culpable hasta de la muerte de Manolete. Sus palabras textuales fueron estas: «El problema no es si el PP lleva la consejería (de Educación) o no, el problema es que el profesorado no tiene ni puta idea de la identidad y de la cultura canaria. Yo lo vivo en mi casa con mi hija de 29 años. No solo no ha leído a Arturo Maccanti o a Arozarena ni a Pedro García Cabrera, es que ni siquiera ha leído El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez».

Es que no sé por dónde empezar. Qué maestría en desbarrar en cada palabra. Esto debería entrar en el libro Guinness. Aceptando pulpo como animal doméstico y su dictamen sobre el profesorado canario, muy técnico, por cierto («no tienen ni puta idea»), se me ocurre pensar que lo que desembocaría en Coalición Canaria, su partido, que se vende como nacionalista, accedió al poder el 31 de marzo de 1993, hace casi 31 años, y ha permanecido en el Gobierno hasta hoy, con el interregno de los 4 años de la anterior legislatura, que estuvo en la oposición. Es decir, un porcentaje muy alto del profesorado actual se formó en esas tres décadas, y ha sido su partido, que se dice nacionalista, el que ha atravesado ese camino descendente en la Educación, desde los cambios LOGSE hasta nuestros días.

No voy a contar las veces que su formación ha capitaneado institucionalmente la Educación y la Cultura porque ha sido siempre (27 años, 23 de ellos ininterrumpidos), y viene a resultar que el profesorado de ahora es ese que ustedes formaron, y un remanente del tiempo anterior, ya en capilla para la jubilación y que tuvo que comulgar con piedras de molino de docenas de cambios, enfoques y un bombardeo de burocracia que parece ideada para que el profesorado no tenga tiempo de enseñar, sino de rellenar formularios y hacer memorias que supongo que nadie leerá, porque son millones de páginas, y si alguien las leyera no se haría caso a las carencias que una y otra vez ha ido señalando el profesorado. Además, curso tan curso, desde las instancias superiores de Educación, se le han ido cortando las alas de la autoridad moral al profesorado, y eso conduce siempre al fracaso.

Por otra parte, tendría usted que definir a qué se refiere cuando menciona la identidad canaria. Con todo mi profundo respeto al folclore, las tradiciones campesinas o marineras y unas cuantas romerías, la identidad de una comunidad es algo más que eso. Que yo sepa, poco se ha hecho, porque la identidad real de Canarias ha sido una lenta pero inexorable bajada a los infiernos de la mayor parte de la gente, mientras unos pocos han hecho fortunas impensables hace unos años, con el aplauso de las instituciones y el manejo de leyes, que ustedes han podido cambiar y no lo han hecho. Sobre el nacionalismo en general y el de Coalición Canaria en particular nada diré, porque he quedado para la cena de Nochevieja y no creo que termine antes si entro en materia.

Un detallito final: mete usted a su hija en el discurso, y a usted le apena que, a sus 29 años no haya leído a Maccanti, Arozarena y García Cabrera. La Consejería de Educación estaba en manos de Coalición Canaria desde dos años antes de que naciera su hija. Digo yo que algo tendrá que ver, si nada se ha hecho, porque le digo, por si no lo sabe, que hay unos currículos que el profesorado no puede saltarse y hacer la guerra por su cuenta. Ya se encarga la administración de meterlo en el carril a fuerza de papeleo y programas informáticos con la velocidad de un caracol. Y, mire, soy frontal enemigo del pleito insular, pero para usted la identidad canaria pasa por leer a escritores empadronados en Tenerife, porque hay otros que también son canarios, aunque hayan nacido 40 millas al este de la Punta de Anaga, donde por cierto somos devotos de Agustín Espinosa, Pilar Lojendio, los que usted menciona y muchos más. La segunda cosa que no entiendo es qué pinta El amor en los tiempos del cólera en asuntos de identidad canaria. Tenía entendido que García Márquez era colombiano, pero, claro, puede que me equivoque, como no soy diputado…

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