Jaula y arco iris

El viejo Oeste

14/03/2018

En muchas películas del viejo Oeste los presuntos ladrones de ganado terminaban ahorcados y sus cadáveres colgando de un árbol. No había, por supuesto, juicio, presentación de pruebas ni posibilidad de defensa alguna. La pena era absolutamente desproporcionada con el delito y, además, en muchas ocasiones se cometían errores que acababan con la vida de personas que nada tenían que ver con los hechos. Espeluznante.

Hace unos años observé una pintada de un grupo independentista junto al colegio Santa Catalina, en la calle Tomás Miller de Las Palmas de Gran Canaria, que me impactó mucho. Hacía referencia a la detención del asesino de una niña en un barrio de la ciudad, un crimen que nos conmovió a toda la población. El texto del radical grupo no podía ser más claro: ¡Justicia popular! Supongo que querían decir que había que ahorrarse el proceso y sus costes y linchar directamente al individuo en cuestión. Espeluznante.

Estos días la historia se repite con el caso del pequeño Gabriel que desgarra a cualquiera que tenga la mínima sensibilidad. Desde que se tuvo conocimiento del descubrimiento de su cuerpo y de la captura de su presunta asesina las redes sociales y las calles se llenaron de odio y rabia.

Ante hechos como el que estamos hablando, uno piensa que lo primero es el dolor por la vida perdida, la solidaridad con la familia afectada. Esto pasó a segundo plano por parte de quienes querían descargar su odio. Aprovechándolo todo: la que parece confirmarse como asesina era negra e inmigrante, lo que muchos destacaron en Twitter y otras redes sociales. A los que otros añadieron que era mujer; olvidando, interesadamente tal vez, que la mayoría de los crímenes en este país los cometen hombres y blancos.

Es más, las estadísticas de Naciones Unidas señalan que en el mundo los hombres protagonizan casi el 95% de los crímenes. Lo que no significa que todos los hombres seamos criminales. Sino que la violencia está mucho más presente, por razones de todo tipo, entre nosotros. Ahí está el caso de lo malos tratos a mujeres, sin entrar en otras violencias masculinas, como las violaciones, la trata y la prostitución.

«Ante hechos como el que estamos hablando, uno piensa que lo primero es el dolor por la vida perdida, la solidaridad con la familia afectada»

Medios carnaza. Hemos tenido distintos tipos de comportamiento. Por un lado, el de los medios carnaza que parece que disfrutan con estos hechos y los relatos posteriores. Con titulares vergonzantes que no repito pero que hemos podido ver profusamente. Algunos entrando en elementos étnicos, de color de piel, nacionalidad o género. Por otro, y es aún más grave, el de los políticos que han visto un filón para defender el endurecimiento de la prisión permanente revisable. Lo han hecho, en el caso del PP, incluso en la propia capilla ardiente del menor. Olvidando que esta pena no evita las barbaries, como comprobamos en los estados que incluso aplican la pena capital: no disminuyen los asesinatos ni la crueldad de estos.

Nos encontramos en un momento político muy delicado. En el que las dos derechas vienen jugando peligrosamente a quién da más por pura y dura competencia electoralista. En el españolismo, en el centralismo y, también, en el populismo punitivo, una subasta permanente para mostrar mayor dureza, mayor involución política y mayores recortes de derechos.

La barbarie ha llegado a tal extremo que los llamamientos a la cordura, a la sensatez, realizados por la ejemplar madre del menor («Que nadie retuitee cosas de rabia porque ese no era mi hijo y esa no soy yo», dijo en una radio), también han obtenido su correspondiente avalancha de insultos. Los poseedores de la verdad no admiten enmiendas. Su odio y sus ideologías extremistas están por encima de todo, incluso del dolor de una madre. Espeluznante.

España es un país con baja criminalidad, de las más bajas del mundo. No es comparable con Venezuela, México, Suecia, Bélgica, Alemania, Finlandia ni Estados Unidos, por poner algunos ejemplos. Tiene, además, penas muy elevadas en relación con los países de su entorno y cárceles muchos más pobladas que estos. Eso no significa que, cada cierto tiempo, nos encontremos con hechos tan luctuosos y sangrantes como los que nos ocupan. Y que nos hacen pensar en la enorme capacidad de crueldad de los seres humanos.

Aprovecharlo para el debate político es simplemente nauseabundo. Cambiar de posición como la yenka, como hace Ciudadanos, tremendamente oportunista y muestra de que el populismo comienza a abarcarlo todo. La política, los políticos, no se deben dejar arrastrar por las pasiones, por mucho que eso pueda significar beneficios en las urnas. Aunque no es monopolio de España, ahí tenemos los casos de los presidentes de Estados Unidos, Filipinas o Rusia: la demagogia y el populismo están muy de moda.

«Aprovecharlo para el debate político es simplemente nauseabundo. Cambiar de posición como la yenka, como hace Ciudadanos, tremendamente oportunista y muestra de que el populismo comienza a abarcarlo todo».

La turba. Y luego está la turba, sí la turba. La que se aglutinó alrededor de la comandancia de la Guardia Civil donde la presunta asesina se encontraba detenida para gritar «Que la saquen». ¿Qué pretendían? ¿Lincharla? ¿Lapidarla? ¿Quemarla viva? ¿Cortarla a pedacitos? Algunos entre civilización y barbarie, prefieren esta última. Lo siento. Sigo prefiriendo que se aplique la ley que nos hemos dado, que se cumpla con el Estado de Derecho.

Comparto, por completo, lo que señaló el periodista Ignacio Escolar, que también fue linchado en las redes y en los medios de extrema derecha: «Estoy en contra de la cadena perpetua, en contra del populismo punitivo y a favor de los derechos humanos. Hasta los peores criminales tienen derecho a un juicio justo y a la presunción de inocencia. Son mis valores y los defenderé cada día, en voz alta, sin miedo a los insultos. Incluso en días como hoy, en los que el asesinato de un niño inocente nos hace pensar con las vísceras».

Y añado otra cosa. Cualquiera de los integrantes de la turba ante la sede de la comandancia de la Guardia Civil, cualquiera de esos que clamaban por la pena de muerte y porque les facilitaran hacer justicia con sus propias manos, si se les comunicara que la presunta asesina no actuó sola y contó para cometer su atrocidad con alguien muy cercano a ese manifestante justiciero -su hermano, su hija o su padre- cambiarían radicalmente de discurso y se mostrarían mucho más benévolos. No quieren justicia, quieren venganza, pero actuarían de manera muy diferenciada si les tocara de cerca.

Espeluznante.