Cuentos Chinos

El mismo cuento de cada año

10/01/2020

Podría haber copiado y pegado el artículo que escribí el año pasado por estas mismas fechas y acerca del mismo asunto y me habría valido de la misma forma. Quizás, eso sí, cambiando algunos detalles, pero que a la postre, no modificarían el fondo del mismo. Me refiero a las imágenes que cada año llegan a las redacciones de los medios de comunicación y a las redes sociales de todo cristo de jóvenes –y otros no tanto– orinando en las calles de Triana y Vegueta en las pasadas fiestas de fin de año y la víspera de Reyes. Y es que se repiten de forma sistemática actitudes incívicas del ciudadano con auténtica desidia de los que gobiernan y que deberían velar porque esto no suceda.

«Con más baños químicos y la policía multando, más de uno se lo pensará la próxima vez que quiera orinar»

Este asunto me ha generado más de una antipatía por parte de aquellos que no entienden el motivo por el que cada año se van recortando más y más las fiestas en las calles de los barrios de Vegueta y Triana hasta que se estén quedando en la mínima expresión. Pero estos, seguro que solo piensan en macroeventos con los navideños o el carnaval de día y no tienen en cuenta, por ejemplo, que cada jueves, por la ruta de los pinchos, muchas de las viviendas de los que allí residen amanecen con orines en sus puertas de aquellos a los que se les hace muy pesado esperar en la cola del baño del local donde están comprando la bebida. Y es así, no dos o tres veces al año, sino cada semana.

Pero tras lo de esas últimas fiestas, me ratifico en mi convencimiento de que ninguno de los concejales del grupo de Gobierno municipal viven en el casco antiguo o al menos, cerca del follón. Porque eso de que se coloquen apenas una decena de baños químicos, por ejemplo, al lado de la Alameda de Colón cuando hay decenas de miles de personas en la calle, es lamentable y aumenta el número de incívicos que evacúan sus vegigas en cualquier esquina sin importarles el daño que generan al que vive ahí. Y ya no es que se escondan entre coches o contenedores de basura, sino que aprovechan cualquier lugar para orinar mientras a su lado pasan familias con sus hijos que quisieron pasar un rato por Triana tras acabar con la Cabalgata.

Es lamentable que esto siga sucediendo y, por supuesto, que los primeros culpables de todos son aquellos los que, probablemente, nunca han tenido que limpiar orines ajenos en la puerta de su propia casa. Eso es evidente, pero mientras, se tienen que tomar medidas contundentes y la solución no es acabar con las fiestas, para nada. Con un número adecuado de baños químicos y la policía multando a quien se baje la bragueta en la vía pública, más de uno se lo pensará la próxima vez que le entren ganas de orinar.