Editorial

Las elecciones del fracaso

22/09/2019

Mañana lunes se dará por concluida la presente legislatura estatal, al expirar el plazo para la investidura presidencial. En consecuencia, el 10 de noviembre los españoles tendremos nueva cita con las urnas, en un intento de desatascar el panorama político y poner fin a la interinidad de un Gobierno en funciones, con lo que eso significa en cuanto a parálisis administrativa y sus consecuencias en comunidades autónomas y corporaciones locales.

Estamos evidentemente ante un fracaso político de grandes dimensiones. Un fiasco cuyos responsables son los que fueron elegidos en abril en las urnas. No cabe responsabilizar al electorado ni pedirle que sea más claro en noviembre, porque eso sería como pedirle al votante que, al reverso de su papeleta, indicase también con quién quiere que pacte el partido que elige. Aquellos votos de abril dibujaron un escenario sin mayorías claras, con opciones que ocupaban todo el espectro ideológico -incluida la derecha más extrema-, y lo que correspondía era buscar el consenso, de manera que hubiese Gobierno y la tan necesaria oposición.

«No cabe responsabilizar al electorado ni pedirle que sea más claro en noviembre»

Al final, el tiempo corrió, ninguna de las escasas negociaciones que se abrieron llegaron a buen puerto y el desenlace fue de lo más penoso, con los líderes parlamentarios utilizando el Congreso para decirse a la cara en la última sesión plenaria lo que fueron incapaces de hablar en privado o en sesiones negociadoras formales. En ese triste desenlace de la legislatura hay que incluir la pirueta de Ciudadanos, que planteó in extremis una solución que, más que buscar con sinceridad la gobernabilidad, intentaba ser una disculpa a su desaparición de la escena durante prácticamente todo el verano.

Cuesta ahora encontrar un partido que llegue a la cita de noviembre bien parado. En la izquierda PSOE y Unidas Podemos siguen enredados en el cruce de reproches sobre quién tiene la culpa de que Pedro Sánchez no fuese investido; en el centro y la derecha, el Partido Popular confía en sacar rédito del desgaste de Ciudadanos y de la sensación de que Vox tocó techo, pero los tres saben que se necesitan y que su caladero de votos se caracteriza por un amplio espacio común, de manera que las subidas de unos serán a costa de la merma de los otros; y en cuanto a los nacionalismos presentes hasta mañana en las Cortes, solo ERC se presenta con sólidas posibilidades de repetir e incluso mejorar sus resultados. Respecto a Coalición Canaria, la claridad con que el PP ha dicho que cuenta con su apoyo debilita a Ana Oramas y los suyos, hasta el punto de convertirlos casi en una franquicia de los populares.

Se avecinan, por tanto, unas elecciones atípicas, que reflejan la falta de altura política y de sentido de Estado. Solo cabe, por tanto, reclamar que, tras el 10N, la reacción ante los votos sea mucho más responsable.