Disculpas

El cuadro resultante en el Reino Unido es un gabinete con un punto de frivolidad

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

El primer ministro británico, Boris Johnson, ha tenido que pedir perdón por la fiesta que se celebró en su residencia oficial cuando el país se encontraba en un confinamiento severo. Las disculpas llegaron tras varios días negando la mayor, cuando desde el primer minuto era evidente que la información que iba saliendo a cuentagotas en la prensa estaba siendo filtrada por uno o más asistentes a esos convites.

De entrada, estamos ante una torpeza mayúscula. ¿En qué cabeza cabe que en la fase más aguda del distanciamiento social, el secretario personal del primer ministro enviase por correo una invitación ¡a unos cien asistentes! para acudir a un encuentro en el que se añadía que cada uno debería llevar su botella -una tradición poco mediterránea pero propia de los países nórdicos y, por lo que se ve, también en Downing Street-? Al final fueron ¡solo 40 personas! a la fiesta, lo que revela que la irresponsabilidad estaba muy extendida en el gabinete del primer ministro.

Para desgracia de los británicos, no es la primera vez que Johnson se ve en un lío de estas características. También se filtraron celebraciones navideñas cuando el país se encontraba casi de funeral, así como comentarios impropios del mandatario británico y de su entorno más próximo cuando mayores eran las cifras de víctimas mortales en el Reino Unido.

El cuadro resultante, si se suman las piezas de ese puzle, es un gabinete con un punto de frivolidad, todo ello con el añadido de que, por si fuera poco, el Reino Unido veía -y sigue sufriendo- cómo la crisis derivada de la pandemia se entrecruzaba con la de la pésima gestión tras la salida de la Unión Europea. Se salva Johnson porque su mayoría es amplia y porque el Partido Laborista está en fase de reconstrucción después de encadenar crisis internas y liderazgos que han actuado como las bombas de racimo.

Pero también empieza a consolidarse la impresión fuera del Reino Unido de que Europa tampoco pierde mucho con la salida de un país con un Gobierno tan poco responsable. Si mañana hubiera elecciones en el Reino Unido, todo apunta que los conservadores volverían a ser la primera opción, y con diferencia sobre los laboristas. Ahora bien, la historia política está repleta de casos donde los votos no iban acompañados de garantías de la mejor gestión, y menos aún de un comportamiento ejemplar. No se trata de ponerse moralistas y pedirle a Johnson que sea un tipo modélico: solo que cumpla, cuando menos, las normas que impone a los suyos.