La ley de la desesperación

«La dependencia en Canarias se convierte en una travesía sin rumbo que produce hastío»

Rafael Falcón
RAFAEL FALCÓN

Los políticos ya piensan en el próximo mes de mayo, en el periodo electoral, y es época de sacar pecho y hablar sin parar de todo lo bueno que han hecho. Nadie ha cometido un error, su gestión es siempre sobresaliente, siempre mejoran los resultados y si surgen problemas la culpa es del pasado. Mucho se habla de la ley de la Dependencia en Canarias. Desde la consejería de Derechos Sociales, Igualdad y Diversidad del Gobierno de Canarias, con su titular Noemí Santana a la cabeza, llevan tiempo ofreciendo números y cifras de esperanza, destacando que la letanía que supone iniciar un proceso y verlo finalizado se acorta. Pero la realidad es bien distinta.

Si usted ha tenido que iniciar el procedimiento durante el periodo de pandemia, con el funcionariado teletrabajando y con citas presenciales en las que le otorgaban un día y una hora para meses más tarde, me imagino que a día de hoy, 21 de septiembre de 2022, habrá llegado a la desesperación.

Si empezó esta travesía en el desierto, a principios de 2021, llevará más de año y medio sin ningún tipo de respuesta, solo con un sello puesto en registro de entrada tras haber presentado la preceptiva documentación. En este proceso, el familiar por el que se solicita la situación de dependencia sigue empeorando, su salud está cada vez más deteriorada y la dificultad para atenderlo se complica día a día.

Alargar el chicle es la perfecta definición del actual estado de la Dependencia en las islas. Uno ve cómo pasan los meses -ya van 16- y aún no se ha recibido ni una sola llamada para iniciar la siguiente fase, la de la valoración del grado. La confianza en el proceso es nula y uno piensa que llegará antes una fatal noticia que la conclusión de un expediente que sigue a la espera de que alguien lo inicie.

En este canto a la desesperanza, el problema de la Dependencia en las islas se convertirá tarde o temprano en un cóctel de difícil solución, ya que nadie coge el toro por los cuernos, ya que solo se excusan en el pasado y no se ponen manos a la obra de verdad. Vivir en primera persona esta agonía deja mella, por lo que cuando se escuchan ciertos discursos el hastío llega a unos límites insospechados.

El Gobierno de Canarias tiene un problema con la Dependencia. Un problemón diría yo. Cada consejería va a lo suyo y la táctica de balones fuera no debe permitirse. La ley de la dependencia se ha convertido en las islas en la ley de la desesperación, y es hora de poner freno a un proceso caótico.