Europa Press

Derecho de admisión

¿Qué impide reservarse el asumido derecho de admisión con los no vacunados?

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Vuelve a galopar el virus y la experiencia, madre de las ciencias, demuestra que cuando los contagios se disparan, al margen de insistir en que hay que vacunarse, toca imponer restricciones. Así se han doblado las anteriores curvas, por más que los negacionistas se desaten clamando libertad. Libertad, preciado tesoro, solo disfrutable si se vive; de ahí que quepa preguntar si los derechos a la libertad de expresión, reunión, creación artística y hasta el del desarrollo de la libre personalidad, como alegaba esta misma semana el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco para denegar la solicitud de pedir el pasaporte sanitario para entrar en recintos cerrados, están por encima del derecho a la vida.

Y quede claro que no es de recibo insinuar que los jueces impiden atacar mejor a la pandemia, como algunos cargos públicos han llegado a decir, porque aquellos se limitan a interpretar las normas que dimanan del poder legislativo; pero, como juiciosamente ha dicho Manuela Carmena, que fuera jueza antes que alcaldesa, bueno sería también que estos tuvieran a bien descender a un diálogo equilibrado con los responsables políticos, porque «hay veces en que no se puede aplicar sin más la norma, hay que incorporar la realidad sociológica».

Ocurre, sin embargo, que aquí es más importante ganar que ponerse de acuerdo; y así, unos con la milonga de la cogobernanza y otros parapetándose en la ambigüedad, o lo que es lo mismo que lo digan otros que a mí me da risa, la nave va. Proa al marisco.

Así las cosas, cuesta asumir tal dejación de responsabilidades. Y eso que el común de los mortales entiende razonable exigir el certificado de vacunación para acceder al interior de los establecimientos e incluso en los aeropuertos. ¿Entonces?

Si asumimos que cualquier local puede reservarse el derecho de admisión, (los hay donde no se permite entrar en pantalón corto, en ninguno sin camisa, discotecas en las que no está consentido el acceso con playeras...) a qué esperamos. A falta de norma apliquemos, empresarios y consumidores, el derecho de admisión.

Está claro que no se puede obligar a nadie a vacunarse, pero como ilustrativamente ha escrito Enric González, «vacunados y no vacunados pueden contagiarse y contagiar, igual que la persona más sobria y prudente puede atropellar accidentalmente a alguien. Ocurre que los no vacunados y los borrachos al volante resultan mucho más dañinos». Derecho de admisión, pues.