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José Ibarrola
Y ahora el Deutsche Bank... pero no pasa nada

Y ahora el Deutsche Bank... pero no pasa nada

El aumento de la concentración de riqueza en pocas manos reduce la libertad económica efectiva y también la libertad política real

Miércoles, 29 de marzo 2023, 23:02

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Era cuestión de tiempo que en la crisis bancaria que estamos viviendo hiciera su aparición el Deutsche Bank, entidad financiera que arrastra años de mala gestión y vulnerabilidad, aunque se argumente en estos momentos que su caída en Bolsa se debe solo a una crisis de confianza. Las dudas sobre este banco arrastraron a la banca europea a un 'viernes negro' tras caer sus acciones más de un 14%, corregido parcialmente más tarde, y que revive la preocupación sobre la salud del sistema financiero. Inquietud que no se ha llegado a cerrar tras la crisis de Credit Suisse y su absorción forzosa por UBS, y la de la banca regional estadounidense. Los seguros contra impagos (CDS) del mayor banco alemán se desbocaron el viernes y las pérdidas se extendieron como la pólvora por todo el sector sin excepción.

La primera reacción de las autoridades monetarias y gubernamentales ha sido la de ratificar la fortaleza del sistema financiero europeo. Pero el pánico a que las perturbaciones no hayan desaparecido y a que se inicie una nueva convulsión financiera desde Fráncfort cada vez está más presente.

Tras muchos años de escándalos (multa de 2.500 millones de dólares en 2015 por participar en la manipulación del índice líbor o tasa de referencia del mercado interbancario londinense; en 2018 la UE lo investigó por formar parte de un cartel en el mercado secundario de bonos soberanos y un año más tarde por un cartel en el mercado de divisas; la Comisión Europea tiene abierta una investigación sobre la manipulación del mercado secundario de deuda pública en la negociación de valores en euros entre 2005 y 2016...), el Deutsche Bank ofrece poca fiabilidad y numerosos interrogantes que no se responden a pesar de que el pasado año tuviera unos beneficios de 5.000 millones de euros. La capitalización del banco germano sigue cayendo y en lo que va de año ha perdido la cuarta parte de su valor en Bolsa.

Después del rescate del Credit Suisse, el siguiente era el Deutsche Bank y así se ha confirmado. Símbolos de sus respectivos países, las malas prácticas y la capitalización a través de inversores del golfo Pérsico han llevado sus acciones a una pérdida continua de su valor.

Los problemas de confianza en la banca vuelven a incrementarse justo cuando los líderes europeos pretendían enviar un mensaje de tranquilidad a los mercados financieros. La inseguridad se ha acentuado en mayor medida por la gran celeridad del derrumbe de estas dos entidades financieras después de los casos estadounidenses. Todos los indicadores evidenciaban el viernes el miedo al inicio de un nuevo capítulo de la crisis bancaria. El contexto de gran incertidumbre mundial convierte cualquier acontecimiento significativo, como la crisis de los bancos citados, en algo que puede generar una crisis financiera que arrastre a todo el sistema.

El banco germano ha perdido la cuarta parte de su valor en Bolsa durante este año

Lo que estamos contemplando estos días es la preocupación de la calidad crediticia del sistema financiero a la par que aumentan las tasas de interés en un entorno de vorágine financiera y una perspectiva de estanflación nada halagüeña.

El capitalismo occidental está restaurándose. La animosidad e inquina de los ciudadanos con la política y la economía tienen mucho que ver con las dificultades que padecen y que han sido generadas por la desregulación y el libre mercado de las últimas décadas. En los últimos quince años, el modelo muestra evidentes indicios de agotamiento. En una época en la que los grandes movimientos de los mercados mundiales están condicionados por unas cuantas entidades financieras y un pequeño grupo de grandes fondos de inversión, que, según sus decisiones y preferencias, mueven las cotizaciones en uno u otro sentido y en uno u otro mercado, situaciones como la presente son inevitables.

La concentración de riqueza en unas pocas manos, en la misma medida que va aumentando, va reduciendo el ámbito de libertad económica efectiva de nuestras sociedades. Al reducirse esta, también se reduce la libertad política real. Cuando la vida económica la controlan unas pocas personas, esas pocas personas dominan también la política e imponen sus condiciones a los políticos. Como esto es así, las grandes crisis sistémicas del mundo financiero siempre contarán para su solución con el apoyo de los Estados en los que las han ocasionado.

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