Crónica

Una función que no divirtió a nadie

02/07/2019

Hemos pasado un año complicado y ahora está pendiente el juicio contra el magistrado Salvador Alba que va a ser, desgraciadamente, un espectáculo». De esta manera vaticinaba en enero del presente año el presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas, Emilio Moya, lo que ayer ocurrió en el Palacio de Justicia de San Agustín.

La primera sesión de un juicio que se convirtió en un verdadero circo que no divirtió a nadie, más bien dejó una sensación agridulce a todos los que aguantaron las nueve horas de la vista en la sala. Una maratoniana jornada en la que las partes se esforzaron en defender sus tesis totalmente antagónicas en el contenido pero similares en el continente: la teoría de la conspiración.

Rosell llegó la primera y lo hizo a pesar de que no podía asistir a las sesiones al figurar también en calidad de testigo en el procedimiento y lo hizo acompañada por su pareja y acusación popular, Carlos Sosa, en la misma situación que la diputada electa. Ambos no rehuyeron las cámaras, más bien lo contrario. Mientras, Salvador Alba llegó al Palacio de Justicia a las 8.52 horas acompañado de su esposa, la letrada de la Administración de Justicia, Teresa Lorenzo, y sus dos abogados.

Ninguno quiso hacer declaraciones a los medios agolpados en la puerta para no desvelar lo que iban a proponer en las cuestiones previas. En las mismas, las acusaciones fueron más previsibles pidiendo nuevamente, por ejemplo, que comparecieran en calidad de testigos José Manuel Soria y Meri Pita, pero la sorpresa la traía bajo el brazo el letrado del acusado, Nicolás González Cuéllar. El mismo primero apeló, como se esperaba, a la doctrina del fruto del árbol envenenado para interesar la nulidad del procedimiento entendiendo que la prueba que dio origen al mismo, es decir, la grabación de Ramírez, era nula al estar manipulada. Pero lo bueno vendría después cuando presentó una carta remitida bajo notario días atrás por Héctor de Armas a Alba en la que, el que fuera mano derecha de Miguel Ángel Ramírez, destapaba una presunta trama orquestada por el empresario, Sosa y Rosell para chantajear a Alba y que archivara la causa que lo investigaba en Instrucción 8. Fue un giro de tuerca en este procedimiento al que se le añadió el hecho de que González Cuéllar pidió que De Armas declarase sobre la marcha al estar avisado de tal circunstancia y que «tardaría cinco minutos en llegar al juzgado». Hubiese sido el broche de oro a una función en la que todos salieron descontentos por la imagen que pudo trasladar a la sociedad del poder judicial.

La defensa argumentando que había sido objeto de una trama para ser chantajeado y la acusación de lo mismo pero en sentido inverso aludiendo a un juez que quería fastidiar a una compañera de carrera. Sea cual sea el dictamen, en esta función del circo nadie se divirtió y aún quedan cinco sesiones para determinar cuál de todos es menos culpable en esta triste historia.