Imagen de gente en la calle Triana de la capital grancanaria. / Juan Carlos Alonso

La confianza

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

El psicólogo y antropólogo Michael Tomasello ha dedicado su trabajo a entender cómo nos comunicamos los seres humanos, cómo creamos artefactos como la cultura para organizar la vida en común y cómo nos tratamos entre nosotros, es decir la moral. Para dar respuesta a todo ello Tomasello se va a los orígenes de la humanidad y trata de comprender los cambios y mecanismos que hicieron que los seres humanos seamos como somos. Con Tomasello aprendemos que la confianza es un aspecto clave en el desarrollo de la humanidad. Sin confiar en los otros no podríamos sobrevivir. La paradoja es que tiene un reverso y a veces la confianza es la que nos lleva al fracaso o peor aún, a la muerte. Todo ello viene al caso con la pandemia. Quien haya confiado en las reglas que la clase política ha plasmado en órdenes, decretos y semáforos esperaba que todo fuera bien. Al fin y al cabo, te prometían «seguridad» si te quitabas la mascarilla en un espacio interior siempre y cuando llevaras el certificado covid. Pero resulta que ni las vacunas inmunizan, ni los test de antígenos son fiables al 100% y en la ecuación economía salud hemos normalizado que algunos tienen que morir para que el resto pueda consumir.

La inmensa mayoría de la ciudadanía en Canarias está vacunada, la inmensa mayoría utiliza mascarillas en los espacios públicos y la inmensa mayoría mantiene las medidas de higiene y distancia física. Eso nos debería devolver una estampa de casi normalidad. Y sin enbargo, tenemos cifras de contagios como nunca, lo que significa que la Atención Primaria debe, de nuevo, apartar a los enfermos crónicos para llamar y seguir la evolución de los positivos, y ya se espera que la presión se traslade a los hospitales, es decir, más lista de espera.

La confianza puede basarse en simple interés: conviene cooperar porque a todos le va bien. Pero también necesita el componente de la sinceridad y ese, precisamente, es el que le falta a la clase política, más interesada en la foto de los festejos y la propaganda personal que en cooperar para mantenernos a salvo.