La compra del Grupo Prisa

Todo se precariza. Pero una portada de papel seguirá siendo una portada de papel

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

Resultó fallida. Hace unos días el Grupo Prisa ('El País', la Cadena SER...) recibió la oferta del empresario asturiano Blas Herrero de alrededor de 200 millones de euros que, a la postre, pareció escasa y declinaron. Herrero está vinculado a la cadena musical Kiss FM, una de esas radiofórmulas de toda la vida que te hacen compañía en el coche camino del trabajo, por lo que enseguida el propósito causó sorpresa pues no es ningún editor ni persona relacionada directamente con el gremio el que puso el dinero encima de la mesa. Eso sí, sirvió como catalizador sobre el estado de revista de los medios de comunicación tras dos crisis económicas (una de ellas tan solo empezando) que, como en el resto de sectores, son un revulsivo. La jornada de marras la Comisión Nacional del Mercado de Valores suspendió durante unas horas la cotización del Grupo Prisa. Y retornó el debate sobre qué sentido tiene que un periódico cotice en bolsa.

Las cabeceras tienen una línea editorial y responden a un negocio, aunque tampoco sea como vender zapatos, que rige su funcionamiento. Es lo natural. De hecho, muchas películas sobre el periodismo tienen como telón de fondo o argumento las vicisitudes y riesgos de editores o familias volcadas en la actividad: 'Ciudadano Kane' (1941), 'El cuarto poder' (1952), 'Los archivos del Pentágono' (2017)... La venta de un periódico siempre es noticia. Ahora bien, ¿qué hacen Telefónica y el Banco Santander detrás del Grupo Prisa? El rotativo por excelencia de la Transición se equivocó cuando Juan Luis Cebrián pasó de ser el director a encargarse de la compañía y se decidió sacarla a bolsa. Todo se desmadró. Y en la actualidad, tras la Gran Recesión de 2008 y la conversión de deuda en acciones como recurso de salida del Grupo Prisa, Telefónica es el segundo mayor accionista (9,44%) y el Banco Santander ostenta un 4,1%.

Con el precio del periódico de hoy se podría prácticamente comprar dos acciones, el jueves registró un aumento del 21% y se situó en 0,87 euros. Sin duda, Cebrián no pensaba en estos números cuando se lanzó a una operación que destartaló la dimensión de la empresa. En el fondo, todo se degrada y, por ende, los diarios digitales tampoco deberían sentir regocijo por la caída o desvalorización del prójimo. Para entendernos: con la crisis ya presente todos los medios de comunicación lo pasarán mal, pero unos peor que otros. Y el soporte papel debería seguir existiendo pues sin el mismo no hay influencia política. Menciono esto porque hay cabeceras digitales que esperan ansiosamente que la tirada cada madrugada de la rotativa desaparezca para sentirse iguales. El papel persistirá, otra cosa es si con el tiempo se seguirá vendiendo en los quioscos o se reparte en el Binter y en puntos de tránsito, como los gratuitos en el Metro de Madrid. Al fin y al cabo, hasta los restaurantes más cotizados de la ciudad ofrecen ya menús para llevártelos a casa. Todo se precariza. Pero una portada de papel seguirá siendo una portada de papel.