Terraza en una calle de la capital grancanaria. / C7

Chabolismo de terrazas

A las terrazas exprés hay que exigirles el cumplimiento de unos mínimos criterios estéticos

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Cuando aún no habíamos salido de la lacerante crisis económica que arrancó en 2008 llegó la pandemia y nos puso del revés. Nos enfermó y precipitó la economía a raseros de hace decenios. Y desde entonces andamos debatiendo sobre cómo equilibrar la salvaguarda de la salud con el dinamismo del mercado.

Ahora, cuando empezábamos a creer que gracias a la vacunación las desdichas soportadas podían empezar a corregirse, partiendo de la base de que hay mucho por corregir porque son demasiados los que han perdido casi todo, y aquí encima tenemos un volcán que todo lo acentúa, resulta que retorna con fuerza la ansiedad, la incertidumbre, el estrés y el miedo por obra y gracia de una nueva mutación del virus, ómicron la llaman, que nos coloca nuevamente al borde del precipicio, sanitario y económico, enseñándonos que lo que desde el principio decían los científicos sigue siendo inexorable: o de esta sale todo el planeta junto o los embates seguirán sucediéndose.

En los primeros momentos pandémicos, en un ejercicio de autodefensa cargado de optimismo, se dijo que saldríamos mejores. Por lo pronto lo de mejores habrá que verlo pero sí han cambiado muchas cosas, y una de ellas es el paisaje de nuestras ciudades.

A cuenta de ese debate sobre cómo salvar la salud y la economía al mismo tiempo, y más aquí donde la casi totalidad del PIB se soporta sobre el sector terciario, y entendiendo que la contagiosidad disminuye al aire libre, se terminaron imponiendo las terrazas exprés, permitiéndose al sector hostelero la ocupación de la vía pública con mesas y sillas con el que poder aliviar las limitaciones de aforo impuestas en los interiores de los establecimientos. Así, hasta 1.108 surgieron sólo en la capital grancanaria. A la vista de los resultados nadie parece cuestionar la decisión y un ayuntamiento que en principio fue renuente las aceptó, eso sí dejándolas en un limbo normativo, Ahora ha abierto el plazo para regularizarlas hasta el 31 de diciembre de 2023, siempre que estas «cumplan con la ley de accesibilidad universal».

Perfecto, pero bueno sería también que, además de garantizar la convivencia vecinal, se marcasen unos mínimos criterios estéticos para evitar que las haya que se monten con cualquier tablón, un par de palets y sombrillas de retales, y así desterrar ese chabolismo de terrazas que ha plagado en este tiempo cientos de calles de la capital.

Pero no solo basta con una normativa, es necesario también inspeccionar.