Exterior de la nave donde se traslada a los migrantes en Arrecife. / Carrasco

¿A qué carajo juegan?

El mismo día pasan de alabar la cooperación al enfrentamiento entre administraciones

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Muy pomposamente alguien llegó a decir en cierta ocasión que los periodistas eran notarios de la realidad. Sin ánimo de caer en tamaña pretenciosidad sí es cierto que las páginas de un periódico, este sin ir más lejos, y en un mismo día, incluyen informaciones que dan fe de que ciertamente andamos en una deriva errática.

Un ejemplar de esta semana recogía las declaraciones del vicepresidente del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez, en las que aseguraba que en los últimos 40 años de historia de Canarias, nunca ha habido una cooperación entre administraciones, desde el nivel local hasta el europeo, como la que se está desarrollando para hacer frente a la crisis volcánica de La Palma. Toca reconocerlo y así se constató desde el primer momento de la erupción. Todas las instituciones aunaron esfuerzos y voluntades, lo que se destacó debidamente por lo insólito que resultaban tales actitudes en un país donde acostumbra a primar el encono frente al entendimiento.

La misma edición se hacía eco del insólito episodio que está teniendo lugar en Arrecife de Lanzarote, donde han hacinado a miles de inmigrantes en una nave sin duchas ni ventilación por el pulso que mantienen por cuestiones administrativas el Ministerio del Interior, del gobierno de PSOE y Unidas Podemos, y el ayuntamiento de la capital conejera, gobernado por el PP con el apoyo de CC y Somos-Nueva Canarias, que bloquea la apertura de un Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), terminado y financiado por la Comisión Europea con 2,1 millones de euros. Lo que en una página era cooperación institucional en otra era enfrentamiento entre administraciones que por soberbia y/o intransigencia de una y otra va camino de hacer realidad otro episodio vergonzoso como el que ocurrió en 2020 en el muelle de Arguineguín.

En otra de las páginas de ese mismo ejemplar se informaba de que sólo el 3% de la población canaria en el umbral de la pobreza recibió prestación en 2020 y que el 7% de los hogares isleños no tiene ningún tipo de ingreso. Mientras, en la capital grancanaria el Ayuntamiento ha ordenado el cierre de locales de organizaciones solidarias que reparten alimentos a las que la misma institución municipal deriva desfavorecidos.

¿A qué carajo juegan?, porque sinceramente hacen bien poco para que los entendamos. Y no es antipolítica, muy al contrario. ¿A quién no confunde esta deriva errática?