Buenos datos y estrellas

El Gobierno de Sánchez está en una pasarela permanente

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

En pleno debate de la reforma laboral (o de la contrarreforma) el Gobierno de Pedro Sánchez se cuelga la medalla de los datos de reducción del paro conocidos esta semana. Ya la ministra Yolanda Díaz adelantó el lunes que estaríamos ante cifras históricas, en un ejercicio de ocultación de los números y administración del secreto en beneficio propio que dice bien poco del concepto de transparencia: ¿qué es esto de que el Gobierno sepa con antelación datos públicos y administre su difusión a cuentagotas y a su conveniencia? Ya lo hizo el Partido Popular cuando gobernaba, pero la generalización del abuso no rebaja la gravedad del hecho. Sorprende, eso sí, que una ministra llamada a ser el nuevo referente de la izquierda como es Díaz se contente con el dato cuantitativo y bastante menos con el cualitativo. Porque una cosa es que haya disminuido la cifra de parados y otra que estemos ante un repunte de empleo sólido, sobradamente bien pagado y con garantías de estabilidad a medio y largo plazo. Todo eso que ha sido el eje central del argumentario de Podemos lo aparca momentáneamente la ministra para ver el vaso medio lleno con los grandes números, dando así por bueno que en el vaso haya licor de garrafón.

No hace falta ser Nobel de Economía para entender que el retorno a cierta normalidad conlleva el fin de muchos expedientes de regulación temporal de empleo, como también que si el consumo afronta una escalada en plan suflé, se demanda más empleo. Pero todo eso, y una ministra de izquierdas lo sabe bien, tiene pies de barro, máxime cuando la evolución de la pandemia dentro y fuera de nuestro país sigue cargada de más dudas que certidumbres.

Además, con esa exhibición de orgullo, el Gobierno se queda sin un argumento para la reforma laboral que quiere afrontar, pues con su entusiasmo de ayer está dando por bueno que el mercado se regula solo y que lo importante es cuántos contratos se firmen, y no tanto las condiciones de los mismos.

Todo ello forma parte de la estrategia de la exhibición en que se ha instalado el Gobierno de España desde la última remodelación de calado. Tras desalojar a Carmen Calvo, Ábalos y compañía, y con Díaz ya como referente de Podemos (y ya veremos si los 'suyos' dejan que se consolide en esa atalaya), el propio Sánchez y varios de sus ministros están en una pasarela permanente. O viajan media docena de veces a La Palma o comparecen para colgarse la medalla de méritos que tampoco son del todo suyos.