Bosé sí, ¿y otros no?

Es necesario saber lo que piensan para evitar que otros caigan en el error de imitarles

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

La cadena La Sexta anotó el pasado domingo un récord de audiencia con la emisión de la primera parte de la entrevista de Jordi Évole a Miguel Bosé. Sí, ese hombre que fue cantante, actor ocasional -ciertamente nada del otro jueves-, icono de cierta vanguardia y que ahora es referencia del movimiento negacionista, portavoz de los antivacunas, y adalid de la conspiranoia. Lo primero: el reconocimiento a Évole y su equipo por el éxito conseguido. Pero acto seguido, una reflexión: ¿por qué aceptamos sin más que se dé cancha a un señor que defiende teorías que van claramente contra la salud pública?, ¿y por qué entonces nos rasgamos las vestiduras cuando, por ejemplo, se entrevista a personajes con un pasado más que cuestionable pero que han saldado sus cuentas con la justicia?

La sociedad del espectáculo en que vivimos, con un exceso de información, comunicación las veinticuatro horas del día, ausencia de filtros, confusión entre el tamiz del sentido común y la censura pura y dura, se caracteriza por este tipo de contradicciones. La audiencia aplaude con su respuesta a Bosé y, por ejemplo, carga contra el entrevistador y la cadena que un buen día se atreven a llevar al dirigente de un partido más o menos irritante. Legal pero molesto para la mayoría. Y si el entrevistado tuvo sus cuitas con la justicia, incluso si fue condenado pero luego cumplió su condena, pues también tenemos el lío montado. Cada uno puede poner los nombres que quiera a esto, pues vale tanto para izquierdas, derechas, estatalistas, independentistas, constitucionalistas o republicanistas. Como también vale para, por ejemplo, empresarios o políticos condenados por corrupción. Así, si los sentamos antes un plató en horario de máxima audiencia, pueden ser legión los que descarguen su ira, mientras que si hablamos de un señor que se pone el mundo por montera y siembra dudas sobre la batalla sin cuartel de los sanitarios y científicos contra una pandemia que se ha cobrado millones de vidas en el planeta, pues resulta que lo que se evalúa es si lo vieron dos, tres o 25 millones de espectadores.

Para que no haya dudas: defiendo que se entreviste a Bosé y a cualquier otro. Incluso los que están entre rejas tienen su entrevista. Y también los que, habiéndolo estado y habiendo cumplido su pena, no se arrepienten. Es necesario saber lo que piensan para evitar que otros caigan en el error de imitarles... o de disculparles. Pero eso debe valer para todos. Bosé no es menos que nadie pero tampoco más que nadie.