Siete leguas

Atascados

20/02/2018

Y se terminó el carnaval, por lo menos en la capital isleña. Habrá que comenzar a preocuparse de nuevo de los asuntos trascendentales para el ciudadano medio, que no son otros que la sanidad, la educación, el empleo, la economía, la movilidad... Aunque a todos nos afectan de alguna manera, y son más los que no llegan a fin de mes, están en el paro, o están en desventaja para acceder en condiciones óptimas a la cultura y el saber, me quedo hoy con el asunto del tráfico. Es increíble que en una isla tan pequeña el problema de la circulación sea mayúsculo, que se pierda tanto tiempo y dinero y se contamine tanto en trayectos tan cortos; que sea una auténtica odisea aparcar y llegar a tiempo a cualquier cita.

Mientras, Las Palmas de Gran Canaria asiste a la implantación de la llamada metroguagua y a la proliferación de calles peatonales. Bien. Suena maravilloso, un mundo sin coches, una ciudad limpia, con un transporte colectivo eficiente, puntual, al servicio del ciudadano. ¿O no es así? Porque, mientras la fisonomía de la capital isleña va cambiando, las calles se cierran a los coches de particulares y las obras para implantar esa metroguagua avanzan, yo me pregunto, ¿y a dónde irán los coches? ¿desaparecerán por arte de magia? ¿hay un plan? Y los miles de conductores de otros municipios, de Norte a Sur, ¿se van a volatilizar?

¿Y a dónde irán los coches? ¿desaparecerán por arte de magia? ¿hay un plan?

Mientras la GC-1 y la GC-2 son cada día un embudo en el que miles de grancanarios se ven atrapados sin remedio, llevamos años oyendo hablar del tren, gastados millones de euros en estudios cuyas conclusiones parece que no son concluyentes, a la vista de que el proyecto es solo eso, una idea. Y la metroguagua en la capital viene a salvarnos. ¿O no? El sábado, mientras miles de mascaritas disfrutaban de la cabalgata de carnaval, otras cientos y cientos se apretujaban en las paradas de guagua de Mesa y López, del Puerto, de aquí y de allá, a la espera de una guagua que los llevase a Las Palmas, a donde estaba el jolgorio del momento. Quiero pensar que había servicios especiales.

En fin, mientras los políticos de turno ponen en marcha, o no, estos y aquellos proyectos, habrá que seguir atravesando el túnel de Julio Luengo, sortear Torre Las Palmas, salir del Sebadal, rodear Belén María, sortear la autovía, confiar en que no haya un atasco por un golpe de nada, que el sol no esté de frente en la carretera del Norte o que los demás coches se queden hoy en sus casas.