Un hombre espera clientes en un agromercado en Cuba. / EFE

Ataduras de la izquierda

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Ser demócrata no es ser de izquierdas. O no se es más demócrata por ser de izquierdas. Son verdades de Perogrullo, pero que, de vez en cuando, conviene repetir y recordar, como a mí también me gusta enfatizar que la derecha no tiene el patrimonio de lo que significa ser español, ni les pertenecen la unidad del país ni la bandera.

Hago estas apreciaciones a cuenta de la tibieza, los paños calientes, o los cambios de foco con los que, una vez más, ciertos líderes de la izquierda mediática española se pronuncian respecto a lo que está pasando en Cuba, con miles de personas echándose a la calle hartas de la escasez de alimentos y la falta de vacunas contra la covid.

¿Por qué les cuesta tanto llamar a las cosas por su nombre? Claro que el embargo o bloqueo norteamericano les ahoga y que es cruel y también injusto porque, a la postre, a quien castiga es a todo un pueblo, pero no es menos cierto que lo que más daño hace a los cubanos es su propio régimen, una dictadura, de izquierdas, o comunista, pero dictadura al fin y al cabo, que les atenaza y les coarta. Y un demócrata que se precie, sea de una u otra ideología, no puede contemporizar con regímenes que no respetan la libertad.

Me cuesta ver cómo gente que se faja, a pecho descubierto, y sin medias tintas, como debe ser, contra racistas, homófobos y otros tantos de mala calaña, luego se anda con remilgos para calificar a los que ellos deben entender como fuego amigo. A mí me genera el mismo rechazo la Cuba de Díaz-Canel o la Corea del Norte de Kim Jong-un que la dictadura que presidió Franco en España o las actuales monarquías absolutas de Arabia Saudí o Qatar. Son muy distintas entre sí, pero comparten una cosa: cercenan un derecho básico, la libertad.