La arista

Ante una nueva etapa

14/07/2019

El poder asumido por el Partido Socialista Canario (PSOE) y la ilusión que ha generado este pacto de progreso obliga a sus protagonistas a estar a la altura de las circunstancias. La ilusión que ha suscitado un cambio real en Canarias merece un esfuerzo en todos los sentidos.

No tengo duda alguna sobre la capacidad del nuevo presidente del Gobierno, de los que le acompañan en esta aventura y de la del resto de los socios, pero tendrán que hacer un gran esfuerzo de entendimiento y de trabajo ímprobo para mantener durante cuatro años el proyecto sin que se resquebraje. Sólo el diálogo entre socios, con la sociedad canaria y con el resto de los partidos permitirá culminar con éxito la gestión de gobierno, y lo que es más importante, que el programa para sacar a Canarias de la cola se cumpla.

Este Gobierno se somete a la mayor presión y examen que puede pasar un grupo humano o un grupo político, en Canarias, tanto externas como internas, y se someten a una compleja red de relaciones, políticas y humanas, en las que es exigible la escucha, el diálogo y la generosidad personal. Las cuitas internas, las ambiciones personales, los intereses políticos de cada formación, el personalismo, el egoísmo, el cainismo... se puede apoderar de un proyecto de esta envergadura y acabar con las ilusiones de los que hoy han puesto sus ojos en esta posibilidad, antes nunca transitada.

«Al PSC (PSOE), especialmente, por ser el partido que mayor volumen de poder maneja en Canarias, hay que pedirle mayor grado de responsabilidad en el ejercicio del mismo»

Creo que a los protagonistas que conforman este Gobierno hay que exigirles altura de miras, como órgano que representa a los canarios, y personal con grandes dosis de generosidad para que no nos sometan a una espectáculo que no queremos ver.

Al PSC (PSOE), especialmente, por ser el partido que mayor volumen de poder maneja en Canarias, hay que pedirle mayor grado de responsabilidad en el ejercicio del mismo, mayor capacidad de diálogo y de generosidad en su administración. Los socialistas trasladaran al Gobierno su reparto de poder interno que tanto sinsabores les ha traído. Han estabilizado el partido. Han ganado las elecciones. Es el momento de que cada uno permanezca en su puesto con honestidad y con la mirada fija en el bien común, el político y el público.

Este es un pacto de izquierdas, y así lo expresa el programa de Gobierno acordado. Tendrán muchos y potentes enemigos. A algunas fuerzas vivas están acostumbradas a que la razón de ser de un gobierno, bajo la excusa del empleo y la prosperidad, sean ellos mismos. Son los que quieren mandar y ganar desde fuera del Parlamento. Se revolverán en contra de las políticas de gasto que escapan a su control. No es que no quieran pagar menos impuestos, que tampoco, sino que hay actuaciones, como la potenciación de los servicios públicos básicos, la renta básica o las ayudas a la dependencia, que no son tan rentables para sus intereses. Es dinero que se va a gastar en las personas, en su bienestar, que no irá a la especulación. No debe olvidar este Gobierno que no puede haber otro objetivo que la gente, que los canarios y sus necesidades. Y no puede olvidar que lo que dignifica la vida de un ciudadano es el trabajo, la posibilidad de tener un proyecto de vida y ejecutarlo, y que para ello las empresas y los empresarios también deben estar en todas las mesas de diálogo. Es la hora de lo público, de políticas que se centren en lo que realmente importa a todos los canarios y no a unos pocos.

Un día como hoy, en el que estrenamos una nueva etapa, víspera del día en el que Ángel Víctor Torres entrará por primera vez en su despacho de la Presidencia del Gobierno, sólo se le puede pedir que cumpla sus promesas, que esté a la altura de las expectativas, de las ilusiones que han generado y que mantengan vivas la ilusión de estos días. Puede esto parecer un consejo de mi denostado Paulo Coelho, pero la impronta personal, los valores, la ética y las propias convicciones marcan de lleno la acción de un pacto y de un gobierno. Son necesarias grandes dosis de valentía y de firmeza para gobernar, pero también mesura, humildad, modestia y generosidad.